No existe «el chequeo sexual masculino». Existen unas pocas pruebas con respaldo sólido, otras que solo se justifican si hay riesgo o síntomas, y un puñado de paneles comerciales que se venden como prevención y no previenen nada.

Cuando un hombre pide «un chequeo completo» de salud sexual, casi siempre espera una batería de análisis: hormonas, un perfil de ITS, marcadores tumorales, tal vez una ecografía. Lo que las guías clínicas recomiendan es bastante más corto y bastante más preciso: cribado de infecciones de transmisión sexual ajustado al riesgo real de esa persona, una conversación sobre función eréctil que se interpreta como señal cardiovascular, y hormonas solo cuando hay síntomas que las justifiquen.

La diferencia no es burocracia. Pedir de más genera falsos positivos, ansiedad y gasto; pedir de menos deja pasar infecciones asintomáticas que sí tienen tratamiento y sí se transmiten.

En 30 segundos

  • El cribado de VIH se recomienda al menos una vez en la vida a todo adulto sexualmente activo, y de forma periódica si hay exposición continuada.
  • En hombres heterosexuales sin síntomas, la evidencia es insuficiente para cribar clamidia y gonorrea de rutina; en hombres que tienen sexo con hombres, el cribado periódico y en los tres sitios de exposición sí está recomendado.
  • La disfunción eréctil no es solo un problema sexual: se asocia a un aumento del riesgo de eventos cardiovasculares y suele precederlos en años. Es el hallazgo más rentable de toda la consulta.
  • La testosterona no se mide «por chequeo»: se mide ante síntomas, en muestra matinal y confirmando con una segunda determinación.
  • El cribado de cáncer testicular en hombres asintomáticos no está recomendado; el de próstata es una decisión compartida, no un reflejo automático.

Cribado de ITS: el riesgo manda, no la edad

El principio que organiza todo el cribado de ITS es sencillo: la frecuencia depende de la conducta, no del calendario. Dos hombres de 35 años pueden necesitar esquemas completamente distintos.

Las guías de los CDC establecen que a todo adulto se le debe ofrecer la prueba de VIH al menos una vez, y repetirla con periodicidad anual —o más frecuente— cuando hay exposición sostenida. En hombres que tienen sexo con hombres sexualmente activos, el esquema recomendado incluye VIH, sífilis, gonorrea y clamidia al menos una vez al año, con muestras de los sitios realmente expuestos: uretral, rectal y faríngeo. Esto importa más de lo que parece, porque una proporción sustancial de las infecciones rectales y faríngeas son asintomáticas y no se detectan con una muestra de orina. Quien está en profilaxis preexposición (PrEP) sigue un calendario propio, más estrecho, de controles trimestrales.

Lo que no está recomendado de rutina

En hombres heterosexuales asintomáticos, el grupo de trabajo estadounidense de servicios preventivos (USPSTF) concluye que la evidencia es insuficiente para recomendar el cribado sistemático de clamidia y gonorrea. No significa que sea inútil en todos los casos: significa que no hay ensayos que demuestren que hacerlo a toda la población masculina reduzca complicaciones. En presencia de síntomas, de una pareja con diagnóstico o de cambios recientes de pareja, el cribado se indica igual.

Tampoco tiene sentido el «panel de ITS» que se vende en algunos laboratorios con veinte determinaciones. Varias de esas pruebas —serologías de herpes en asintomáticos, por ejemplo— generan más confusión que información útil, y otras infecciones frecuentes no aparecen en los paneles comerciales.

Hepatitis y vacunas: la parte barata y olvidada

El cribado de hepatitis C se recomienda una vez en la vida a los adultos, y el de hepatitis B en personas con riesgo aumentado. Son pruebas de bajo coste, con tratamientos muy eficaces detrás, y se olvidan con frecuencia porque no forman parte del imaginario de «chequeo sexual».

La vacunación es la intervención con mejor relación coste-beneficio de toda esta lista. La vacuna frente al VPH está recomendada hasta los 26 años y, entre los 27 y los 45, es una decisión individual compartida con el médico. Las de hepatitis A y B están indicadas en varios escenarios de riesgo. Ninguna de ellas requiere análisis previo en la mayoría de los casos.

La disfunción eréctil como prueba de cribado cardiovascular

Si hay un hallazgo que justifica la consulta entera, es este. Una revisión sistemática con metaanálisis de estudios de cohortes encontró que la disfunción eréctil se asocia a un incremento del riesgo de eventos cardiovasculares y de mortalidad por cualquier causa, con un aumento del orden del 40 % respecto a quienes no la presentan. El mecanismo es coherente: el endotelio de las arterias peneanas, de calibre pequeño, se deteriora antes que el de las coronarias. La erección funciona, en la práctica, como una prueba de esfuerzo vascular espontánea.

La consecuencia clínica es directa: un hombre que consulta por disfunción eréctil debe salir de esa consulta con tensión arterial, perfil lipídico, glucemia y una estimación de riesgo cardiovascular. No porque el síntoma sexual sea secundario, sino porque es la ventana de oportunidad.

Hormonas: ante síntomas, no por rutina

No existe recomendación de cribado poblacional de testosterona en hombres asintomáticos. La guía de la Endocrine Society es explícita: la determinación se indica ante un cuadro clínico compatible —descenso del deseo, erecciones matutinas ausentes, pérdida de masa muscular, fatiga persistente—, se realiza en muestra matinal y en ayunas, y un valor bajo aislado no constituye diagnóstico: debe confirmarse con una segunda medición y completarse con el estudio hormonal correspondiente.

El «perfil hormonal anual» que ofrecen algunas clínicas sin síntomas que lo motiven produce sobre todo diagnósticos de laboratorio: valores en el límite bajo, en hombres sanos, que acaban en tratamientos sin indicación. Cualquier decisión terapéutica en este terreno requiere valoración médica individual.

Próstata y testículo: dos malentendidos frecuentes

El cribado de cáncer de próstata con PSA entre los 55 y los 69 años es una decisión individual compartida: reduce de forma modesta la mortalidad específica a costa de sobrediagnóstico y sobretratamiento. A partir de los 70 años no se recomienda. No es una prueba que deba pedirse «de paso» en un chequeo sexual, sin haber explicado antes qué implica un resultado elevado.

En el caso del cáncer testicular, la recomendación sorprende a muchos: no se aconseja el cribado en hombres asintomáticos, porque es un tumor poco frecuente y de pronóstico excelente incluso cuando se diagnostica por síntomas. Conocer el propio cuerpo y consultar ante un bulto o un cambio de consistencia sigue siendo razonable; convertirlo en un programa de cribado, no.

Preguntas frecuentes

¿Cada cuánto debería hacerme pruebas de ITS?

Depende de la exposición. Con pareja estable única y cribado previo negativo en ambos, no hace falta repetirlo por calendario. Con parejas nuevas o múltiples, el intervalo razonable es anual como mínimo, y cada tres a seis meses en situaciones de mayor riesgo. Quien usa PrEP sigue controles trimestrales.

¿Sirve pedir testosterona en el chequeo anual?

No, si no hay síntomas. Ninguna guía respalda medirla como cribado. Ante síntomas sí, con muestra matinal y confirmación en una segunda determinación antes de hablar de diagnóstico.

Tengo 40 años y erecciones menos firmes. ¿Es la edad?

Puede ser la edad, pero a los 40 años un cambio claro en la función eréctil obliga a descartar factores vasculares y metabólicos: tensión arterial, lípidos, glucemia, tabaco, apnea del sueño y fármacos. Es exactamente la situación en la que el síntoma sexual aporta más información que cualquier panel hormonal.


Si quieres profundizar, aquí tratamos qué vigilar por tu cuenta y por qué no sustituye al cribado en autoexploración genital y chequeos, y qué inmunizaciones pesan de verdad en salud sexual en vacunas y salud sexual, más allá del VPH.

Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.

Referencias

  • Workowski KA, Bachmann LH, Chan PA, et al. Sexually Transmitted Infections Treatment Guidelines, 2021. MMWR Recomm Rep. 2021;70(4):1–187.
  • US Preventive Services Task Force. Screening for Chlamydia and Gonorrhea: US Preventive Services Task Force Recommendation Statement. JAMA. 2021;326(10):949–956.
  • Vlachopoulos CV, Terentes-Printzios DG, Ioakeimidis NK, et al. Prediction of cardiovascular events and all-cause mortality with erectile dysfunction: a systematic review and meta-analysis of cohort studies. Circ Cardiovasc Qual Outcomes. 2013;6(1):99–109.
  • Bhasin S, Brito JP, Cunningham GR, et al. Testosterone Therapy in Men With Hypogonadism: An Endocrine Society Clinical Practice Guideline. J Clin Endocrinol Metab. 2018;103(5):1715–1744.
  • US Preventive Services Task Force. Screening for Prostate Cancer: US Preventive Services Task Force Recommendation Statement. JAMA. 2018;319(18):1901–1913.

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