Es una de las fantasías más reportadas en las encuestas grandes y, al mismo tiempo, una de las que más vergüenza produce. La brecha entre esos dos hechos —muy común, muy callada— explica casi todo lo que se dice mal sobre el cuckolding. Los datos, cuando se miran de frente, cuentan una historia bastante menos escandalosa.

El cuckolding es la fantasía en la que una persona se excita ante la idea de que su pareja tenga relaciones sexuales con otra persona, habitualmente con su conocimiento y a veces con su presencia. El término viene del inglés cuckold, una palabra medieval y peyorativa para el marido engañado, y ese origen carga toda la conversación con un juicio de valor que la investigación no respalda. Lo que la evidencia describe es algo distinto: un guión erótico consensuado, que se apoya en mecanismos psicológicos identificables y que la enorme mayoría de quienes lo fantasean nunca lleva a la práctica.

Este artículo se ocupa de tres preguntas con respuesta empírica: cuánta gente lo fantasea, qué explica esa excitación y qué relación hay entre fantasear y hacer.

En 30 segundos

  • Es consensuado por definición. Si no hay acuerdo previo, no es cuckolding: es infidelidad. Esa es la línea que separa una fantasía de una traición.
  • Es común. En la mayor encuesta estadounidense sobre fantasías sexuales (Lehmiller, 4.175 participantes), alrededor del 58 % de los hombres y el 33 % de las mujeres reportaron haber fantaseado con ello alguna vez.
  • Fantasear no es querer hacerlo. Solo una minoría de quienes tienen fantasías de no monogamia desea llevarlas a la práctica, y una fracción aún menor lo hace.
  • No hay evidencia de que señale patología. La revisión específica sobre el tema (Ley, Prause y Savage) no encontró base para tratarla como marcador de trastorno.
  • Lo que sí predice problemas es la asimetría: que uno de los dos participe por presión o por miedo a perder al otro.

Los números: mucho más común de lo que se admite

La referencia obligada es el trabajo del psicólogo Justin Lehmiller, que encuestó a 4.175 adultos estadounidenses sobre su vida fantasiosa y publicó los resultados en Tell Me What You Want (2018). Cerca del 58 % de los hombres y el 33 % de las mujeres declararon haber fantaseado alguna vez con ver a su pareja con otra persona. No es una fantasía marginal: en esa misma muestra, la no monogamía en alguna de sus formas figuraba entre los temas más reportados del catálogo completo.

El hallazgo encaja con un resultado más general. Joyal y colaboradores preguntaron a 1.516 adultos por 55 fantasías distintas y concluyeron que la categoría de «fantasía inusual» es mucho más estrecha de lo que la intuición sugiere: la mayoría de los contenidos que se consideran raros resultan estadísticamente comunes o incluso típicos. La rareza percibida proviene del silencio, no de la frecuencia.

Conviene leer estas cifras con cautela metodológica: son muestras de conveniencia, con autoselección y autoinforme, sobre un tema estigmatizado. Sirven para establecer que el fenómeno es frecuente; no para fijar una prevalencia poblacional exacta.

Por qué excita: tres explicaciones con respaldo desigual

La transgresión como amplificador

El mecanismo mejor documentado es también el más simple: lo prohibido intensifica la respuesta sexual. El cuckolding combina varios ingredientes de alta activación —celos, riesgo simbólico, ruptura de una norma central de la pareja— y esa activación emocional puede reetiquetarse como excitación. Es el mismo principio que explica por qué tantas fantasías comunes giran alrededor de escenarios que nadie querría vivir literalmente.

El juego de poder y de rol

Buena parte de estas fantasías se estructura como un intercambio de poder consensuado, más cercano al terreno del BDSM que al de la infidelidad. Aquí la investigación aporta un dato relevante contra el prejuicio: el estudio de Wismeijer y van Assen, con más de novecientos practicantes de BDSM y un grupo de comparación, no encontró peor perfil psicológico en el grupo de interés. Al contrario, puntuaron mejor en varias medidas de bienestar y de ajuste. El dato no se refiere específicamente al cuckolding, pero desmonta la premisa de que un guión erótico basado en roles de poder indique fragilidad psicológica.

La hipótesis evolutiva, que sigue siendo una hipótesis

Se cita con frecuencia la competencia espermática como explicación: la señal de un rival habría seleccionado respuestas fisiológicas de mayor esfuerzo reproductivo. Es una idea coherente y popular, pero la evidencia que la sostiene en humanos es indirecta y discutida. Merece figurar en la lista de explicaciones posibles y no en la de hechos establecidos.

Hay además un cuarto elemento, menos teórico y muy presente en los relatos clínicos: la compersión, el placer derivado del placer de la pareja, un concepto surgido de la literatura sobre no monogamía consensuada. Para algunas personas, el núcleo de la fantasía no es la humillación sino ver deseada a la persona que aman.

Fantasear no es hacer

Es la distinción que más se pierde en la conversación pública. En el análisis de Lehmiller sobre fantasías de no monogamía en personas que están en relaciones monógamas, publicado en Archives of Sexual Behavior en 2020, la mayoría de quienes reportaban estas fantasías no las había llevado a la práctica ni tenía intención clara de hacerlo. La fantasía funciona como espacio mental de exploración, no como declaración de intenciones.

Esto tiene una consecuencia práctica para las parejas: descubrir esta fantasía en el otro no equivale a descubrir un deseo de irse. Y a la inversa, compartirla no obliga a nadie a ejecutarla. La revisión de Ley, Prause y Savage sobre los aspectos de salud de estas fantasías concluye precisamente que su presencia, por sí sola, no constituye un indicador de patología ni de deterioro relacional.

Dónde sí hay motivo de preocupación

El problema nunca es el contenido de la fantasía; es la asimetría con la que se gestiona. Las señales de alarma están bien identificadas en la literatura sobre no monogamía consensuada: un miembro que acepta por miedo a perder al otro, acuerdos que se renegocian unilateralmente en caliente, uso del guión para humillar fuera del marco pactado, y ausencia de una vía real para decir que no. A eso se suman dos condiciones prácticas cuando la fantasía se lleva a la práctica: límites acordados antes y no durante, y prevención de infecciones de transmisión sexual planteada con la misma seriedad que en cualquier escenario con múltiples parejas.

Cuando la fantasía genera malestar persistente, se vuelve intrusiva o interfiere con la vida sexual compartida, la consulta con un profesional de sexología clínica es un recurso razonable —no para eliminarla, sino para entender qué función cumple.

Preguntas frecuentes

¿Es lo mismo que una infidelidad?

No, y la diferencia es el consentimiento informado y previo. La infidelidad se define por el engaño y la ruptura unilateral de un acuerdo; el cuckolding, por un pacto explícito entre ambos. Sin ese pacto, lo que ocurre es otra cosa.

¿Tener esta fantasía indica un problema psicológico?

La evidencia disponible no lo respalda. Es una fantasía frecuente en las encuestas grandes y la revisión específica sobre el tema no la asocia a psicopatología. Lo clínicamente relevante es el malestar que genera, no su contenido.

¿Daña a la pareja llevarla a la práctica?

Depende casi por completo de cómo se acuerde. Los datos sobre no monogamía consensuada muestran niveles de satisfacción comparables a los de las parejas monógamas cuando el acuerdo es genuinamente mutuo; el riesgo aparece cuando uno de los dos participa por presión.


Si le interesa el patrón general de distancia entre lo que se fantasea y lo que se practica, lo revisamos con datos en fantasía de trío: prevalencia y realidad según los datos. Y para el caso en el que la fantasía sí se lleva a la práctica de forma organizada, vea qué muestran los estudios sobre las parejas liberales.

Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.

Referencias

  • Lehmiller JJ. Tell Me What You Want: The Science of Sexual Desire and How It Can Help You Improve Your Sex Life. Da Capo Press; 2018.
  • Ley D, Prause N, Savage J. The Health Aspects of Sexual Cuckolding Fantasies. Current Sexual Health Reports. 2014;6:121-124.
  • Joyal CC, Cossette A, Lapierre V. What Exactly Is an Unusual Sexual Fantasy? The Journal of Sexual Medicine. 2015;12(2):328-340.
  • Lehmiller JJ. Fantasies About Consensual Nonmonogamy Among Persons in Monogamous Romantic Relationships. Archives of Sexual Behavior. 2020;49(8):2799-2812.
  • Wismeijer AAJ, van Assen MALM. Psychological Characteristics of BDSM Practitioners. The Journal of Sexual Medicine. 2013;10(8):1943-1952.

Una respuesta a «Cuckolding: qué es esta fantasía y qué dice la evidencia»

  1. […] Si te interesa este clúster, hemos revisado los efectos de la pornografía en la adolescencia según la investigación y qué dice la evidencia sobre el cuckolding como fantasía. […]

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