Mucha gente cree que tiene un problema de deseo cuando en realidad tiene otro tipo de deseo. La diferencia entre desear «de la nada» y desear una vez que algo te enciende no es una jerarquía: es la base de uno de los modelos mejor sostenidos de la sexología moderna.
Durante décadas, el guión oficial del deseo fue lineal: primero aparece el deseo, luego la excitación, luego el orgasmo. Ese esquema, heredado de los modelos clásicos de Masters y Johnson y de Kaplan, funciona razonablemente para describir algunas experiencias y falla estrepitosamente con otras, en particular con las de muchas mujeres y con las de cualquier persona en una relación de larga duración.
De esa insatisfacción nacieron dos ideas que hoy se usan juntas: el deseo responsivo y el modelo dual de control. Conviene entender ambas, porque explican por qué tanta gente sana se cree rota.
En 30 segundos
- Deseo espontáneo: aparece antes del estímulo, sin contexto erótico previo. Deseo receptivo o responsivo: aparece después, cuando ya hay excitación o contacto.
- El modelo dual de control (Bancroft y Janssen, 2000) propone que la respuesta sexual depende del equilibrio entre un sistema de excitación y dos sistemas de inhibición, no de una sola «cantidad» de libido.
- Basson propuso en 2000 un modelo circular donde el deseo puede ser consecuencia de la excitación, no su requisito previo.
- No son dos tipos de persona: la mayoría experimenta ambos patrones según el momento, el contexto y la fase de la relación.
- Deseo responsivo no es deseo hipoactivo. El trastorno exige malestar clínicamente significativo, no simplemente un patrón distinto al del cine.
Qué es el deseo responsivo
El deseo responsivo es el que se activa a partir de un estímulo, no antes de él. La persona no siente ganas mientras lava los platos; las siente veinte minutos después de empezar a besarse. El orden se invierte respecto del guión habitual: primero llega la excitación, y el deseo aparece detrás.
Rosemary Basson formalizó esta idea en 2000 con un modelo circular en el que el punto de partida frecuente no es el impulso sexual, sino motivos como la intimidad, el vínculo o la disponibilidad emocional. El deseo entra en escena una vez que el cuerpo responde. Su propuesta describía especialmente la experiencia de mujeres en relaciones estables, aunque el patrón no es exclusivo de ningún sexo.
La consecuencia práctica es enorme: si alguien espera sentir ganas espontáneas antes de iniciar cualquier contacto, y su deseo funciona de forma responsiva, puede pasar meses concluyendo que ya no le atrae su pareja cuando en realidad nunca le dio al deseo la ocasión de aparecer.
El modelo dual de control: acelerador y frenos
El modelo dual de control, desarrollado por John Bancroft y Erick Janssen en el Instituto Kinsey, sostiene que la respuesta sexual resulta del balance entre procesos excitatorios e inhibitorios que operan de forma relativamente independiente. No hay un «nivel de libido» único: hay un sistema que enciende y sistemas que frenan, y cada persona tiene sensibilidades distintas en cada uno.
Los autores distinguieron dos vertientes de inhibición. Una se relaciona con la amenaza de fallo en el propio rendimiento; la otra, con la amenaza de consecuencias externas, desde ser descubierto hasta el riesgo de embarazo o infección. Esa distinción se midió con cuestionarios validados (las escalas SIS/SES) y resultó predecir cosas distintas: la primera se asocia más con dificultades de función sexual, y la segunda con conductas de riesgo.
Por qué importa la parte del freno
Porque explica los casos que el modelo lineal no explica. Alguien con un acelerador perfectamente funcional puede no responder si tiene frenos muy sensibles y el contexto los activa: prisa, ruido, cansancio, conflicto no resuelto, vergüenza corporal, miedo a no rendir. Subir el estímulo no sirve de nada si el problema está en el pedal contrario. Es una lectura que cambia la estrategia: en lugar de «cómo consigo más deseo», la pregunta útil suele ser «qué está apagando el deseo que ya hay».
Un estudio cualitativo clásico de Graham y colaboradores, con grupos focales de mujeres, encontró justamente eso: los factores que apagaban la excitación (autoimagen, estado de ánimo, sensación de ser usada, falta de contexto) eran tan determinantes como los que la encendían.
Qué hay debajo en el cerebro
No existe un «centro del deseo». Lo que muestran los modelos integradores, como el propuesto por Frederick Toates, es una interacción entre circuitos de motivación y recompensa, procesamiento de estímulos y control cognitivo de nivel superior. El incentivo externo y el estado interno se multiplican, no se suman: por eso el mismo estímulo funciona un miércoles y no funciona el jueves.
Conviene también no confundir piezas. La oxitocina se asocia sobre todo a vínculo y conducta afiliativa, no es un interruptor del deseo; y los estados de enamoramiento intenso o limerencia, con su pensamiento intrusivo característico, activan circuitos de recompensa que se parecen poco al deseo sexual estable de una relación de diez años. Son fenómenos vecinos, no el mismo fenómeno.
Dónde está la línea con el trastorno
Tener deseo responsivo no es una disfunción. Los manuales diagnósticos exigen, además de la ausencia o reducción de interés sexual, que el cuadro persista varios meses y genere malestar clínicamente significativo. El DSM-5 reconoció parte de este debate al fusionar deseo y excitación en una única categoría para mujeres, admitiendo que separarlos era artificial.
La señal de alarma útil no es el patrón, sino el cambio y el sufrimiento: un descenso claro respecto de lo habitual en esa persona, que le molesta a ella y no solo a su pareja, merece valoración. Muchas veces detrás hay dolor, fármacos, sueño o conflicto relacional, no una cuestión hormonal.
Preguntas frecuentes
¿El deseo responsivo es «femenino»?
No. Es más frecuentemente descrito en mujeres y fue formulado a partir de su experiencia clínica, pero los hombres también lo presentan, sobre todo con la edad y en relaciones largas. Tratarlo como un rasgo de sexo produce diagnósticos erróneos en ambas direcciones.
¿Se puede «recuperar» el deseo espontáneo del principio?
El deseo intenso y espontáneo de los primeros meses se apoya en la novedad, y la novedad no se conserva por definición. Lo que sí se puede modificar es el contexto: reducir lo que activa los frenos y crear condiciones donde la excitación tenga espacio para aparecer. Esa es la lógica de buena parte de la terapia sexual actual.
Si tengo que «empezar sin ganas», ¿no es forzarme?
La distinción es el consentimiento y el disfrute, no las ganas iniciales. Disponerse voluntariamente a un contacto que se espera agradable no es lo mismo que acceder por presión o culpa. Si el cuerpo no responde o la experiencia resulta desagradable, parar es la respuesta correcta, y la insistencia sostenida es un problema relacional, no de técnica.
Para ver dónde termina el patrón normal y empieza el diagnóstico, revisa deseo sexual bajo en la mujer y deseo hipoactivo. Y si buscas el lado hormonal de la historia, sin atajos, está testosterona y libido: qué hace realmente en el cerebro.
Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.
Referencias
- Bancroft J, Janssen E. The dual control model of male sexual response. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 2000;24(5):571–579.
- Basson R. The female sexual response: a different model. Journal of Sex & Marital Therapy, 2000;26(1):51–65.
- Graham CA, Sanders SA, Milhausen RR, McBride KR. Turning on and turning off: a focus group study of the factors that affect women’s sexual arousal. Archives of Sexual Behavior, 2004;33(6):527–538.
- Toates F. An integrative theoretical framework for understanding sexual motivation, arousal, and behavior. Journal of Sex Research, 2009;46(2–3):168–193.
- American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 5.ª ed. (DSM-5), 2013.

Deja un comentario