Tener poco deseo sexual es una de las consultas más frecuentes —y peor entendidas— de la sexología clínica. La evidencia dice algo incómodo para las dos orillas del debate: el deseo bajo no siempre es un problema médico, pero cuando genera sufrimiento sí tiene criterios diagnósticos, causas identificables y tratamientos con respaldo.
Durante décadas se asumió que el deseo sexual funcionaba como el hambre: aparece solo, empuja a la acción y, si no aparece, algo está roto. Ese modelo describe razonablemente bien a una parte de las personas y bastante mal a otra. La investigación de las últimas dos décadas ha reordenado el mapa: el deseo femenino es, con frecuencia, responsivo más que espontáneo, y su intensidad depende del contexto, la relación, la salud y el momento vital.
Eso no significa que no exista un trastorno real. Existe, tiene nombre, y una parte importante de las mujeres que lo padecen nunca lo consulta.
En 30 segundos
- El deseo bajo solo se considera trastorno si es persistente (≥6 meses) y causa malestar clínicamente significativo a la propia mujer. Sin malestar, no hay diagnóstico.
- En un estudio estadounidense con más de 30.000 mujeres, cerca del 39 % refería deseo bajo, pero solo alrededor del 10 % lo vivía con angustia. La brecha entre ambas cifras es el corazón del asunto.
- El DSM-5-TR agrupa deseo y excitación en un solo diagnóstico femenino (trastorno del interés/excitación sexual); la CIE-11 mantiene el término «disfunción del deseo sexual hipoactivo» para ambos sexos.
- Antes de pensar en fármacos hay que descartar depresión, antidepresivos ISRS, dolor con la penetración, anemia, patología tiroidea, fatiga crónica, conflicto de pareja y falta de estímulo erótico efectivo.
- Los tratamientos psicológicos (terapia cognitivo-conductual y programas basados en mindfulness) tienen evidencia de ensayos clínicos. Los fármacos aprobados existen, pero su efecto promedio es modesto.
Qué es exactamente el deseo sexual hipoactivo
Es la ausencia o marcada disminución del interés sexual que se mantiene en el tiempo y produce malestar personal. Los dos sistemas diagnósticos vigentes lo describen de forma distinta, y conviene saberlo porque genera confusión incluso entre profesionales.
El DSM-5 (2013), mantenido en su revisión DSM-5-TR (2022), eliminó el diagnóstico independiente de «deseo sexual hipoactivo» en mujeres y lo fusionó con el trastorno de la excitación en una sola categoría: trastorno del interés/excitación sexual femenino. Exige la presencia de al menos tres de seis indicadores (interés reducido o ausente, pocos pensamientos eróticos, poca iniciativa o receptividad, escaso placer en los encuentros, poca respuesta a señales eróticas, escasas sensaciones genitales), durante un mínimo de seis meses y con malestar significativo.
La CIE-11 de la OMS tomó otro camino: conservó la «disfunción del deseo sexual hipoactivo» como entidad propia, aplicable a cualquier sexo, y separada de los trastornos de excitación. Ninguna de las dos clasificaciones diagnostica a quien simplemente tiene menos deseo que su pareja o menos del que la cultura considera normal.
El malestar es el criterio que decide
Este punto es el que más cambia la conversación en consulta. En el estudio PRESIDE, con una muestra de más de 31.000 mujeres estadounidenses, el 38,7 % informó bajo deseo sexual, pero al añadir el requisito de angustia asociada la prevalencia caía a alrededor del 10 %. La cifra era más alta en la mediana edad (aproximadamente 12 % entre los 45 y los 64 años) y descendía en mujeres mayores, que con frecuencia refieren menos deseo pero también mucho menos sufrimiento por ello.
Traducido: tener menos ganas no es una enfermedad. Sufrir por tener menos ganas sí merece evaluación.
Deseo espontáneo y deseo responsivo
Buena parte del sufrimiento innecesario viene de comparar la propia experiencia con un modelo que nunca fue universal. En 2000, Rosemary Basson propuso un modelo circular de la respuesta sexual femenina en el que muchas mujeres no inician el encuentro sintiendo deseo, sino que el deseo aparece después, una vez que la excitación física y el estímulo erótico ya están en marcha. La motivación inicial puede ser la intimidad, el vínculo o el simple acuerdo de dedicarse tiempo.
Este modelo no sustituye al clásico: convive con él. Hay mujeres con deseo espontáneo frecuente y mujeres con deseo mayoritariamente responsivo, y ambas configuraciones son normales. La consecuencia clínica es directa: esperar a «tener ganas» antes de cualquier contacto puede perpetuar el problema en quien funciona de forma responsiva.
Qué hay que descartar antes de hablar de tratamiento
El deseo bajo casi nunca tiene una sola causa. Una evaluación seria revisa al menos cuatro frentes.
1. Causas médicas y farmacológicas
Depresión y ansiedad son, con diferencia, los diagnósticos concurrentes más frecuentes. Los antidepresivos ISRS producen disminución del deseo y retraso orgásmico en una proporción relevante de pacientes, y ese efecto es reversible y manejable con el médico prescriptor. También conviene revisar patología tiroidea, anemia, dolor pélvico crónico, hiperprolactinemia, diabetes mal controlada y el uso de algunos anticonceptivos hormonales.
2. Dolor
Nadie desea aquello que duele. La dispareunia, el vaginismo y el síndrome genitourinario de la menopausia —con sequedad y adelgazamiento de la mucosa— reducen el deseo de manera perfectamente lógica. En estos casos el objetivo terapéutico no es «aumentar el deseo», sino eliminar el dolor.
3. Etapa vital
El posparto y la lactancia, la perimenopausia y los periodos de sobrecarga laboral o de cuidados se asocian de forma consistente con menor interés sexual. El agotamiento y la privación de sueño son variables muy infravaloradas en la consulta.
4. Relación y contexto erótico
La calidad del vínculo, los conflictos no resueltos, el resentimiento acumulado y la ausencia de un repertorio erótico satisfactorio explican una porción sustancial de los casos. Un dato clínico útil: si el deseo aparece en solitario o en otros contextos pero no con la pareja actual, el problema rara vez es hormonal.
Qué funciona según la evidencia
La primera línea con mejor respaldo es psicológica. Los programas de terapia cognitivo-conductual sexual y las intervenciones grupales basadas en mindfulness han mostrado en ensayos aleatorizados mejoras en deseo, excitación y satisfacción sexual, así como reducción del malestar asociado. Trabajan sobre la atención al estímulo erótico, la ansiedad de desempeño y las creencias sobre el propio funcionamiento sexual.
En el terreno farmacológico existen opciones aprobadas por agencias regulatorias para el deseo hipoactivo en mujeres premenopáusicas, pero la magnitud del beneficio observada en los metaanálisis es modesta —del orden de medio encuentro sexual satisfactorio adicional al mes frente a placebo— y se acompaña de efectos adversos como mareo, somnolencia y náuseas. En mujeres posmenopáusicas, el consenso internacional de sociedades científicas de 2019 respalda la testosterona transdérmica a dosis fisiológicas como única indicación con evidencia suficiente, siempre bajo supervisión médica y con seguimiento analítico.
Ningún tratamiento farmacológico debe iniciarse por cuenta propia ni a partir de recomendaciones de internet: la indicación, las contraindicaciones y las dosis corresponden a una valoración médica individual.
Preguntas frecuentes
¿Es normal tener menos deseo que mi pareja?
Sí. La discrepancia de deseo es una de las quejas sexuales más comunes en parejas estables y no implica que la persona con menos deseo tenga un trastorno. El objetivo clínico es la gestión de la diferencia, no igualar a la persona con más deseo.
¿Los análisis hormonales sirven para algo?
Sirven para descartar causas concretas (tiroides, prolactina, anemia, diabetes), no para «medir el deseo». No existe un nivel de testosterona que defina el diagnóstico de deseo hipoactivo en mujeres, y las guías desaconsejan usarlo con ese fin.
¿Cuándo conviene consultar?
Cuando el bajo deseo lleva seis meses o más, genera malestar personal o tensión importante en la relación, o cuando aparece de forma brusca tras iniciar un fármaco, un parto o un cambio de salud. También si se acompaña de dolor.
Si te interesa el contraste con el cuadro masculino, revisa deseo sexual hipoactivo en hombres: cuándo es un trastorno. Y para entender cómo cambia el interés sexual con la edad sin caer en el catastrofismo, aquí están los datos sobre sexualidad después de los 60.
Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.
Referencias
- Shifren JL, Monz BU, Russo PA, Segreti A, Johannes CB. Sexual problems and distress in United States women: prevalence and correlates. Obstet Gynecol. 2008;112(5):970-978.
- American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition, Text Revision (DSM-5-TR). Washington, DC: APA; 2022.
- Basson R. The female sexual response: a different model. J Sex Marital Ther. 2000;26(1):51-65.
- Jaspers L, Feys F, Bramer WM, Franco OH, Leusink P, Laan ETM. Efficacy and safety of flibanserin for the treatment of hypoactive sexual desire disorder in women: a systematic review and meta-analysis. JAMA Intern Med. 2016;176(4):453-462.
- Davis SR, Baber R, Panay N, et al. Global Consensus Position Statement on the Use of Testosterone Therapy for Women. J Clin Endocrinol Metab. 2019;104(10):4660-4666.
- Brotto LA, Basson R. Group mindfulness-based therapy significantly improves sexual desire in women. Behav Res Ther. 2014;57:43-54.

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