Después de una infidelidad, la pregunta que más duele no es «por qué pasó», sino «¿volverá a pasar?». La investigación no ofrece certezas sobre una persona concreta, pero sí una respuesta incómoda a nivel de grupo: el mejor predictor conocido de una infidelidad futura es una infidelidad pasada.

La pregunta por la reincidencia en la infidelidad suele llegar a consulta disfrazada de otra cosa: «¿cómo sé que no me miente otra vez?», «¿vale la pena intentarlo?». Durante décadas la única respuesta disponible fue el refrán —«una vez infiel, siempre infiel»— y su contrario igual de rotundo: «fue un error puntual». Ninguno de los dos es una afirmación empírica.

Desde 2017 sí existe evidencia longitudinal directa sobre el asunto, y lo que muestra es más matizado que cualquiera de los dos refranes. Vale la pena leerla con cuidado, porque la diferencia entre «triplica el riesgo» y «lo va a hacer seguro» es exactamente la diferencia entre información útil y profecía.

En 30 segundos

  • Quien reportó haber sido infiel en una relación tuvo alrededor del triple de probabilidades de reportarlo de nuevo en la relación siguiente (Knopp et al., 2017).
  • Triplicar un riesgo bajo sigue dando un riesgo moderado: en ese mismo estudio, la mayoría de quienes fueron infieles una vez no repitieron en la relación posterior.
  • Los predictores más consistentes no son morales sino medibles: insatisfacción relacional y sexual, historia previa de infidelidad, rasgos de excitación/inhibición sexual y una orientación sociosexual permisiva.
  • No existe una cifra fiable de recurrencia dentro de la misma pareja tras la revelación: los ensayos de terapia de pareja no la reportan de forma sistemática.
  • Lo que sí se asocia a mejor trayectoria: revelación completa en lugar de goteo, corte real del contacto y tratamiento de pareja estructurado.

Dos preguntas distintas que se confunden todo el tiempo

«Reincidencia» significa dos cosas diferentes, y la evidencia disponible para cada una es muy desigual. La primera es la infidelidad serial: alguien que fue infiel en una relación y vuelve a serlo en la siguiente, con otra pareja. La segunda es la recurrencia intrapareja: alguien que fue infiel, lo reveló o fue descubierto, la pareja decidió continuar, y vuelve a ocurrir con la misma pareja.

Sobre la primera hay datos longitudinales razonables. Sobre la segunda —que es justo la que angustia a quien está decidiendo si quedarse— la literatura es sorprendentemente pobre: los estudios de terapia de pareja miden satisfacción y estabilidad, no tasas de reincidencia. Cualquier porcentaje que circule por internet sobre «probabilidad de que lo repita contigo» no sale de un estudio; sale de la nada.

El dato duro: las mismas personas, dos relaciones consecutivas

El estudio de referencia es de Knopp y colaboradores, publicado en Archives of Sexual Behavior en 2017. Su diseño es lo que lo hace valioso: siguió de forma prospectiva a cerca de 500 adultos jóvenes a lo largo de dos relaciones consecutivas, preguntando en cada una por relaciones sexuales extradiádicas. Es decir, no preguntó retrospectivamente «¿has sido infiel alguna vez?», con toda la distorsión de memoria y deseabilidad social que eso arrastra, sino que capturó la conducta relación a relación.

El resultado principal: quienes reportaron infidelidad en la primera relación tuvieron aproximadamente tres veces más probabilidades de reportarla también en la segunda, frente a quienes no la habían reportado. El efecto se mantuvo tras ajustar por variables demográficas.

Hubo un segundo hallazgo menos citado y clínicamente muy interesante: haber sido la parte engañada también predijo riesgo futuro. Quienes supieron que su pareja les había sido infiel tuvieron más probabilidad de volver a estar con una pareja infiel en la relación siguiente; y la sospecha de infidelidad en una relación fue el predictor más potente de sospecha en la siguiente. Esto no significa que la víctima «atraiga» infieles: apunta a patrones estables de elección de pareja, de estilo de vínculo y de umbral de sospecha que viajan con la persona de una relación a otra.

Por qué se repite: conducta, no carácter

La infidelidad se predice mejor desde variables concretas que desde la idea de «ser buena o mala persona». En el trabajo de Mark, Janssen y Milhausen (2011) sobre parejas heterosexuales, los predictores de sexo extradiádico se agruparon en tres bloques que siguen siendo el esqueleto de lo que sabemos.

Individuales

Los rasgos de respuesta sexual pesan: mayor propensión a la excitación sexual y menor inhibición ante la amenaza de consecuencias se asociaron a más infidelidad. También la orientación sociosexual permisiva —la disposición al sexo sin vínculo afectivo— y, de forma más débil, rasgos de baja escrupulosidad. La historia previa es, por sí sola, el marcador individual más potente.

De la relación

La insatisfacción relacional y, de manera independiente, la insatisfacción sexual predicen riesgo. Lo relevante es que son modificables: a diferencia de la historia previa, una pareja puede trabajar sobre ellas. Aquí es donde la pregunta «¿volverá a pasar?» deja de ser adivinación y se vuelve una pregunta sobre qué ha cambiado en la relación.

De oportunidad

Contexto laboral con contacto frecuente y privado, viajes, ambientes de alta disponibilidad de parejas potenciales y —cada vez más— el contacto digital sostenido con la persona implicada. La oportunidad no crea el riesgo, pero lo convierte en conducta. Es también el factor sobre el que se puede actuar de forma más inmediata y verificable.

Por qué «una vez infiel, siempre infiel» es una exageración

Triplicar un riesgo no equivale a garantizarlo, y esta es la confusión estadística más frecuente en este tema. Si la prevalencia de infidelidad en una relación cualquiera está en el orden del 10–20 % —el rango que arrojan las encuestas poblacionales sobre sexo extramatrimonial a lo largo del matrimonio—, triplicarla deja un riesgo que sigue siendo minoritario. En el estudio de Knopp, la lectura correcta del dato es que la mayoría de quienes fueron infieles en la primera relación no lo fueron en la segunda.

Hay además tres límites que conviene tener presentes: la muestra era de adultos jóvenes, con relaciones más cortas y menos institucionalizadas que un matrimonio de veinte años; todo es autorreporte, y la infidelidad es de las conductas peor reportadas que existen; y un riesgo relativo describe grupos, no personas. Un odds ratio de tres no es un pronóstico individual, igual que fumar no permite predecir quién tendrá cáncer.

Qué se puede evaluar (y qué no se puede prometer)

No hay instrumento validado para predecir reincidencia en una pareja concreta. Lo que sí puede evaluarse son condiciones que la literatura clínica asocia a mejor o peor trayectoria tras una infidelidad.

La forma de la revelación importa: la información entregada a cuentagotas, cada nueva mentira descubierta después de haber prometido que ya estaba todo dicho, reinicia el trauma y es uno de los obstáculos clínicos más citados. El cese verificable del contacto con la tercera persona es la condición práctica mínima; mantener el vínculo «solo como amistad» es lo contrario de cortar la oportunidad. Y la atribución: quien sitúa la causa fuera de sí («ella se me insinuó», «tú estabas distante») ofrece menos garantías que quien puede describir qué decisiones propias lo hicieron posible.

Sobre el tratamiento hay un dato alentador: en el seguimiento a cinco años de parejas que hicieron terapia conductual de pareja, las parejas en las que había habido infidelidad revelada terminaron con niveles de satisfacción comparables a las parejas sin infidelidad, aunque su recorrido fuera distinto (Marín, Christensen y Atkins, 2014). La infidelidad no condena por sí sola el pronóstico de una pareja que se trata.

Dicho todo esto, hay una respuesta honesta a la pregunta del título: nadie puede decirte si volverá a pasar. La decisión de quedarse o irse no se resuelve con un porcentaje, sino con lo que estés dispuesta o dispuesto a construir sabiendo que no hay garantía. Si el proceso está paralizado o el malestar es incapacitante, una valoración con un profesional de salud mental o sexología clínica es el paso indicado.

Preguntas frecuentes

¿Hay un porcentaje de reincidencia en la infidelidad?

Para la infidelidad en la relación siguiente, el mejor dato disponible es un riesgo aproximadamente tres veces mayor que en quien no fue infiel. Para la reincidencia con la misma pareja después de la revelación no existe una cifra fiable: no se ha medido de forma sistemática, y los porcentajes que circulan no tienen respaldo.

¿Los hombres reinciden más que las mujeres?

Las encuestas poblacionales siguen mostrando una prevalencia algo mayor de sexo extramatrimonial en hombres, con una brecha que se ha estrechado en las cohortes más jóvenes. Sobre la reincidencia específicamente, el efecto de la historia previa se observó en ambos sexos y no es un fenómeno masculino.

Si sospeché en mi relación anterior y ahora vuelvo a sospechar, ¿estoy siendo paranoico?

No necesariamente, pero conviene saber que la sospecha previa es el predictor más fuerte de sospecha futura, y que eso ocurre en parte de forma independiente de lo que la pareja actual haga. Distinguir entre indicio y umbral de alarma propio es exactamente el tipo de trabajo que se hace en terapia.


Si te interesa el terreno de los predictores, el estilo de vínculo es una de las piezas mejor estudiadas: lo revisamos en infidelidad y apego, cómo tu estilo predice el riesgo. Y si la decisión ya está tomada y la pregunta es qué viene después, en la ciencia de la reconciliación después de una infidelidad está lo que se sabe sobre qué parejas lo consiguen.

Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.

Referencias

  • Knopp K, Scott S, Ritchie L, Rhoades GK, Markman HJ, Stanley SM. Once a cheater, always a cheater? Serial infidelity across subsequent relationships. Archives of Sexual Behavior. 2017;46(8):2301–2311.
  • Mark KP, Janssen E, Milhausen RR. Infidelity in heterosexual couples: demographic, interpersonal, and personality-related predictors of extradyadic sex. Archives of Sexual Behavior. 2011;40(5):971–982.
  • Fincham FD, May RW. Infidelity in romantic relationships. Current Opinion in Psychology. 2017;13:70–74.
  • Marín RA, Christensen A, Atkins DC. Infidelity and behavioral couple therapy: relationship outcomes over 5 years following therapy. Couple and Family Psychology: Research and Practice. 2014;3(1):1–12.
  • Labrecque LT, Whisman MA. Attitudes toward and prevalence of extramarital sex and descriptions of extramarital partners in the 21st century. Journal of Family Psychology. 2017;31(7):952–957.

3 respuestas a «¿Volverá a ser infiel? Lo que predice la reincidencia en la infidelidad»

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Soy médico internista, epidemiólogo clínico y bioestadista. Este espacio nace para hablar de sexualidad humana con rigor científico, claridad y sin prejuicios.

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