Cuando se cuentan en lugar de juzgarse, los fetiches dejan de parecer excentricidades aisladas y empiezan a parecer un mapa: unos pocos temas concentran la enorme mayoría de los intereses, y casi ninguno es tan raro como quien lo tiene supone.
La palabra «fetiche» arrastra siglos de connotación clínica y moral. En el lenguaje corriente designa cualquier interés sexual dirigido a un objeto o a una parte del cuerpo no genital; en el lenguaje diagnóstico designaba, hasta hace poco, un trastorno. Entre ambos usos hay una distancia enorme, y la investigación de las últimas dos décadas se ha ocupado justamente de medirla.
Este artículo no describe prácticas: reporta prevalencias, hipótesis sobre cómo se forman estos intereses y el criterio con el que la psiquiatría actual separa una preferencia de un problema.
En 30 segundos
- El estudio de referencia sobre prevalencia relativa (Scorolli y cols., 2007) analizó cientos de comunidades en línea con alrededor de 150.000 participantes: en torno a un tercio de las preferencias apuntaba a partes del cuerpo y otro tercio a objetos asociados al cuerpo.
- Dentro de las partes del cuerpo, los pies concentraban cerca de la mitad de las menciones; dentro de los objetos, el calzado dominaba con amplio margen sobre la ropa interior y otras prendas.
- En población general, un 45,6 % declaró interés por al menos una categoría considerada parafílica y un 33,9 % había tenido esa experiencia alguna vez (Joyal y Carpentier, 2017).
- De 55 fantasías evaluadas en un estudio previo del mismo grupo, solo dos resultaron estadísticamente raras: la etiqueta de «inusual» rara vez se sostiene con datos.
- La CIE-11 eliminó el fetichismo como diagnóstico independiente, y el DSM-5-TR solo considera trastorno el caso que produce malestar significativo, deterioro funcional o daño a terceros.
Qué se ha contado, y cómo
Medir esto es difícil por una razón obvia: la gente no lo declara en una encuesta telefónica. El trabajo más citado sobre prevalencia relativa, publicado en 2007 en International Journal of Impotence Research, resolvió el problema por una vía indirecta: en lugar de preguntar, contó. El equipo revisó miles de comunidades en línea dedicadas a intereses sexuales específicos, seleccionó varios centenares que cumplían criterios de actividad y estimó el peso relativo de cada categoría a partir del número de participantes, unos 150.000 en total.
El resultado dibujó una distribución muy desigual. Aproximadamente un tercio de las preferencias se dirigía a partes del cuerpo y otro tercio a objetos habitualmente asociados al cuerpo; el resto se repartía entre conductas, materiales y otras categorías mucho más minoritarias. Dentro de las partes del cuerpo, los pies se llevaban cerca de la mitad de las menciones, muy por delante de cualquier otra. Dentro de los objetos, el calzado ocupaba una posición dominante, seguido de prendas de ropa interior y de vestir.
La advertencia metodológica
Estos datos describen prevalencia relativa entre quienes participan en comunidades temáticas, no prevalencia poblacional. Quien se organiza en un grupo específico no es una muestra aleatoria de la población: está sobrerrepresentado quien tiene un interés intenso, tiempo y acceso a internet. Sirve para ordenar el ranking; no para afirmar qué porcentaje de la población general tiene cada interés.
Lo que dicen las muestras poblacionales
Para eso hay otro tipo de estudio. En una encuesta representativa realizada en Quebec sobre más de mil adultos, Joyal y Carpentier encontraron que el 45,6 % declaraba interés por al menos una categoría de las clasificadas como parafílicas y que el 33,9 % había tenido al menos una de esas experiencias en su vida. Es un dato que descoloca el marco habitual: si casi la mitad de la población entra en la categoría, la categoría no está describiendo una desviación estadística.
El mismo grupo había mostrado antes algo convergente. Al evaluar 55 fantasías distintas en una muestra de más de 1.500 adultos, solo dos resultaron estadísticamente raras según el umbral que ellos mismos fijaron. Muchas de las que la cultura popular clasifica como excepcionales resultaron comunes o incluso mayoritarias. La conclusión de los autores fue que el criterio de «inusual», usado sin datos, describe más el prejuicio del observador que la conducta observada.
Por qué se forman: hipótesis, no certezas
Aquí la evidencia es mucho más débil que en el terreno de la prevalencia, y conviene decirlo antes que nada: no existe una explicación establecida del origen de estos intereses. Lo que hay son modelos con distinto grado de apoyo.
El más antiguo es el del condicionamiento asociativo. En 1966 Rachman publicó un experimento en el que intentaba producir en laboratorio una respuesta de excitación condicionada hacia un objeto neutro, con resultados que interpretó como favorables a la hipótesis. El estudio se cita constantemente, pero tuvo muy pocos participantes y las réplicas posteriores han sido inconsistentes: es un indicio, no una demostración.
La segunda familia de modelos apela a una forma de impronta en períodos tempranos del desarrollo, con experiencias que quedan ligadas a la activación sexual durante la adolescencia. Es plausible y encaja con los relatos retrospectivos que dan muchas personas, pero los relatos retrospectivos son un tipo de dato particularmente vulnerable al sesgo de memoria.
Circula también una explicación neuroanatómica popular para el caso concreto de los pies, basada en la proximidad de las regiones que representan el pie y los genitales en la corteza somatosensorial. Es una hipótesis atractiva y muy repetida en divulgación, pero no ha sido confirmada empíricamente y no debe presentarse como un hecho.
Dónde está la línea clínica
La línea no la marca el contenido del interés, sino sus consecuencias. El DSM-5-TR mantiene el trastorno de fetichismo, pero exige malestar clínicamente significativo o deterioro del funcionamiento durante al menos seis meses; el manual señala además que el trastorno así definido es poco frecuente y se reporta casi exclusivamente en varones. Un interés que se integra sin conflicto en la vida sexual de alguien no cumple criterios, por llamativo que resulte a un tercero.
La CIE-11 fue un paso más allá: eliminó el fetichismo como diagnóstico independiente y reservó la categoría de trastornos parafílicos para los patrones que implican a personas que no consienten o que generan malestar o deterioro marcados. Fue una decisión deliberada de despatologizar conductas consentidas entre adultos, en la misma línea con la que la OMS revisó otras categorías de su capítulo de salud sexual.
En la práctica, las señales que hacen recomendable buscar ayuda profesional son tres: que el interés se vuelva la única vía posible de respuesta sexual, que genere malestar persistente o interfiera con la vida cotidiana y las relaciones, o que involucre a personas que no han consentido. Fuera de esos supuestos, lo que hay es variabilidad, y la variabilidad no es patología.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el fetiche más común?
Según el estudio de prevalencia relativa más citado, el interés por los pies encabeza claramente la categoría de partes del cuerpo, y el calzado hace lo propio en la de objetos. Conviene leerlo como un ranking dentro de comunidades temáticas en línea, no como el porcentaje de la población general que tiene ese interés.
¿Tener un fetiche es un trastorno mental?
No por sí mismo. La CIE-11 ya no lo recoge como diagnóstico independiente y el DSM-5-TR solo lo considera trastorno cuando produce malestar significativo, deteriora el funcionamiento o implica a personas que no consienten. El contenido del interés no basta para diagnosticar nada.
¿Son más frecuentes en hombres?
Los datos disponibles apuntan a que sí, y el DSM-5-TR indica que el trastorno de fetichismo se reporta casi exclusivamente en varones. Ahora bien, buena parte de esa diferencia procede de muestras clínicas y de comunidades en línea, donde la disposición a declarar el interés no es la misma en unos y otras, de modo que la brecha real podría ser menor de lo que sugieren las cifras.
Si quieres el panorama general en lugar del caso concreto, aquí están las 7 fantasías sexuales más frecuentes según la ciencia. Y para la categoría que más prejuicios acumula, revisamos qué muestran los estudios sobre personalidad y bienestar en quienes practican BDSM.
Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.
Referencias
- Scorolli C, Ghirlanda S, Enquist M, Zattoni S, Jannini EA. Relative prevalence of different fetishes. International Journal of Impotence Research. 2007;19(4):432-437.
- Joyal CC, Carpentier J. The prevalence of paraphilic interests and behaviors in the general population: a provincial survey. The Journal of Sex Research. 2017;54(2):161-171.
- Joyal CC, Cossette A, Lapierre V. What exactly is an unusual sexual fantasy? The Journal of Sexual Medicine. 2015;12(2):328-340.
- American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 5.ª ed., texto revisado (DSM-5-TR). Washington DC, 2022.
- Organización Mundial de la Salud. Clasificación Internacional de Enfermedades, 11.ª revisión (CIE-11). Ginebra, 2022.
- Rachman S. Sexual fetishism: an experimental analogue. The Psychological Record. 1966;16:293-296.

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