Casi todo el mundo fantasea con algo que jamás diría en voz alta. Durante décadas se asumió que esas fantasías eran señal de un problema, un desvío o un secreto vergonzoso. La investigación con miles de participantes muestra otra cosa: la enorme mayoría de las fantasías sexuales, incluidas las que parecen más «raras», son estadísticamente comunes y no predicen ningún trastorno.
Fantasear no es planificar. Es un fenómeno mental espontáneo, casi universal, que cumple funciones psicológicas distintas de la conducta real: explorar sin riesgo, regular el estado de ánimo, mantener el deseo en relaciones largas o simplemente entretenerse. El psicólogo Justin Lehmiller encuestó a más de 4.000 personas en Estados Unidos para su libro «Tell Me What You Want» (2018) y encontró que las fantasías, lejos de ser idiosincráticas, se agrupan en un número reducido de categorías compartidas por la mayoría de la población.
En paralelo, un equipo de investigadores canadienses liderado por Christian Joyal encuestó a más de 1.500 adultos de Quebec y publicó dos estudios de referencia (2015 y 2017) que cuantificaron, por primera vez con rigor estadístico, qué tan frecuentes son las fantasías consideradas «atípicas». La conclusión cambió el criterio clínico: algo deja de considerarse anormal cuando lo comparte una parte sustancial de la población.
En 30 segundos
- Las fantasías sexuales más frecuentes se agrupan en siete categorías amplias, identificadas en estudios con miles de participantes.
- Fantasear con algo no predice que la persona quiera llevarlo a la práctica ni indica un problema psicológico.
- Las fantasías «atípicas» son, en realidad, estadísticamente comunes: la mayoría de las personas ha tenido al menos una.
- La variedad de fantasías se asocia con mayor apertura a la experiencia y menor ansiedad sexual, no con patología.
- Hablar de fantasías con la pareja, sin juicio, se asocia a mayor satisfacción sexual reportada.
Cómo se estudian las fantasías sexuales
Se estudian con encuestas anónimas a gran escala, no con entrevistas clínicas ni con observación de conducta. Ese diseño metodológico importa: permite que las personas reporten contenidos que jamás compartirían cara a cara, y reduce el sesgo de deseabilidad social que históricamente infravaloraba la prevalencia real de estas experiencias. Lehmiller usó un cuestionario detallado con cientos de ítems; Joyal y su equipo usaron un listado validado de 55 fantasías con escalas de frecuencia e intensidad. Ambos abordajes, con poblaciones distintas (Estados Unidos y Canadá), llegaron a estructuras de categorías muy similares, lo que refuerza la validez del hallazgo.
Las 7 categorías más frecuentes
El análisis factorial de las respuestas de miles de participantes agrupa la inmensa mayoría de las fantasías sexuales en siete grandes familias temáticas. No son fantasías idénticas entre personas, sino categorías que resumen contenidos recurrentes.
1. Sexo con más de una persona
Es la categoría más reportada en los estudios de Lehmiller: alrededor de 9 de cada 10 personas encuestadas la mencionaron alguna vez. Psicológicamente se asocia a la curiosidad por la variedad y no implica, en la mayoría de los casos, un deseo de no monogamia real.
2. Poder, control y dinámicas de dominancia-sumisión
Fantasear con ceder o tomar el control es una de las categorías más consistentes entre estudios. La evidencia la vincula con mecanismos de excitación relacionados con la intensidad emocional y la confianza, más que con historias de trauma, como sugería la psicología clínica más antigua.
3. Novedad, aventura y variedad
Incluye escenarios, lugares o situaciones distintas a la rutina habitual. Se relaciona con un rasgo de personalidad bien descrito en psicología: la búsqueda de sensaciones, que no es exclusiva de la esfera sexual.
4. Fantasías prohibidas o tabú
Contenidos que la propia persona etiqueta como «inaceptables» según sus valores. Su función psicológica principal, según Joyal, es la intensificación de la excitación mediante la transgresión percibida, no un indicador de que la persona busque cruzar límites éticos o legales reales.
5. Compartir a la pareja o explorar la no monogamia
Aparece con frecuencia notable en ambos sexos, aunque con matices de contenido distintos según género. No equivale a insatisfacción con la pareja actual: en muchos casos convive con relaciones estables y satisfactorias.
6. Pasión emocional y romance
Fantasías centradas en la conexión emocional, la novedad romántica o el reencuentro con una expareja. Son mayoritarias en personas con estilos de apego que priorizan la intimidad emocional sobre lo puramente físico.
7. Flexibilidad de género y fluidez erótica
Incluye curiosidad por experiencias con personas del mismo género o interés en explorar roles y expresiones de género distintas a las habituales, independientemente de la orientación sexual declarada.
¿Fantasear es un problema psicológico?
No, y la evidencia es consistente en este punto: tener fantasías variadas, incluidas las que la propia persona considera «raras», se asocia en los estudios de Joyal con mejor funcionamiento sexual autopercibido, no con patología. El criterio clínico para preocuparse no es el contenido de la fantasía sino si genera malestar significativo, interfiere con la vida diaria o involucra a alguien sin su consentimiento; ese es un cuadro completamente distinto y minoritario, que sí amerita valoración profesional. Fuera de esos criterios, la fantasía es una actividad mental privada, no un plan de acción ni un diagnóstico.
Preguntas frecuentes
¿Es normal tener fantasías que me parecen «raras»?
Sí. Los estudios de Joyal encontraron que la mayoría de una lista de 55 fantasías consideradas «atípicas» eran, en realidad, estadísticamente comunes en la población general encuestada, presentes en un porcentaje amplio de hombres y mujeres.
¿Tener una fantasía significa que quiero llevarla a la práctica?
No necesariamente. La excitación mental ante un escenario imaginado y el deseo de vivirlo en la realidad son procesos psicológicos distintos; la mayoría de las personas que fantasean con un escenario nunca buscan concretarlo, y eso no le resta valor a la fantasía como experiencia.
¿Conviene contarle mis fantasías a mi pareja?
La investigación sobre comunicación sexual asocia la apertura sobre fantasías, cuando se hace en un clima de confianza y sin presión, con mayor satisfacción sexual reportada por ambos miembros de la pareja. No existe una obligación de compartirlas; es una decisión personal que depende del contexto de cada relación.
Si te interesa profundizar en este tema, puedes leer también ¿Qué fantasías sexuales son normales? Lo que reveló la mayor investigación y «Los hombres piensan en sexo cada 7 segundos»: la verdad detrás del mito.
Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.
Referencias
- Lehmiller, J.J. (2018). Tell Me What You Want: The Science of Sexual Desire and How It Can Help You Improve Your Sex Life. Da Capo Press.
- Joyal, C.C., Cossette, A., & Lapierre, V. (2015). What Exactly Is an Unusual Sexual Fantasy? Journal of Sexual Medicine, 12(2), 328–340.
- Joyal, C.C., & Carpentier, J. (2017). The Prevalence of Paraphilic Interests and Behaviors in the General Population: A Provincial Survey. Journal of Sex Research, 54(2), 161–171.

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