El BDSM dejó de ser un tema exclusivo de la ficción erótica: cada vez aparece más en la consulta médica y psicológica. Las encuestas poblacionales y los estudios de personalidad coinciden en algo que sorprende a muchos clínicos: quienes practican BDSM de forma consensuada no muestran más patología psicológica que el resto de la población, y en varios rasgos incluso puntúan mejor.

Durante décadas, el sadismo y el masoquismo sexual estuvieron clasificados casi automáticamente como patología. La psiquiatría y la sexología han revisado esa postura a la luz de estudios con muestras grandes, y hoy la evidencia distingue con claridad entre una práctica sexual consensuada y un trastorno clínico.

Este artículo resume, sin lenguaje descriptivo ni detalles de las prácticas en sí, lo que muestran los datos sobre personalidad, salud mental, prevalencia y criterios diagnósticos en personas que practican BDSM (bondage/disciplina, dominación/sumisión, sadismo/masoquismo).

En 30 segundos

  • Los estudios de personalidad muestran que quienes practican BDSM puntúan más alto en extraversión, apertura a la experiencia y conciencia, y más bajo en neuroticismo, comparados con controles.
  • No hay evidencia de que el BDSM se asocie a más trauma infantil, coerción o abuso sexual previo que en la población general.
  • Las encuestas poblacionales muestran que la práctica y, sobre todo, la fantasía relacionada con el BDSM son más frecuentes de lo que suele asumirse, aunque siguen subreportadas por el estigma.
  • El DSM-5-TR solo clasifica el sadismo o el masoquismo sexual como «trastorno» si generan malestar clínico persistente en la persona o si involucran a alguien sin su consentimiento.
  • El elemento clínicamente relevante no es la práctica, sino el consentimiento informado, la comunicación explícita y los cuidados posteriores («aftercare»).

¿Qué encontró la evidencia sobre la personalidad de quienes practican BDSM?

Quienes practican BDSM tienden a puntuar mejor, no peor, en varios rasgos de personalidad y bienestar frente a controles de la población general. El estudio de referencia en este campo, publicado por Wismeijer y van Assen en el Journal of Sexual Medicine (2013), comparó a más de 900 practicantes de BDSM con un grupo control usando los cinco grandes rasgos de personalidad, sensibilidad al rechazo, estilo de apego y bienestar subjetivo.

Los resultados: el grupo BDSM mostró mayor extraversión, mayor apertura a la experiencia y mayor conciencia (responsabilidad), menor neuroticismo, menor sensibilidad al rechazo y mayor bienestar subjetivo. Al desagregar por rol, quienes se identificaban como dominantes puntuaron más alto en apego seguro y más bajo en ansiedad de apego que los sumisos y que los controles, lo que contradice la idea de que dominar o someterse en un contexto sexual refleje inseguridad psicológica.

¿Existe relación entre BDSM y traumas o abuso en la infancia?

No, la evidencia disponible no respalda esa asociación tan extendida en el imaginario popular. Richters y colaboradores (2008) analizaron datos de una encuesta nacional australiana con cerca de 20.000 participantes y encontraron que quienes habían practicado BDSM en el último año no reportaban más coerción sexual, abuso o dificultades psicológicas que el resto de la muestra; de hecho, reportaban niveles similares o ligeramente mayores de satisfacción sexual general.

Connolly (2006) llegó a conclusiones parecidas al evaluar funcionamiento psicológico con instrumentos estandarizados: los practicantes de BDSM no mostraron más psicopatología (depresión, ansiedad, trastornos de personalidad) que la población normativa, y en algunos indicadores puntuaron mejor.

¿Qué tan frecuente es el BDSM en la población general?

Es más frecuente como fantasía que como práctica reportada, y ambas son más comunes de lo que suele suponerse. Joyal y Carpentier (2017), en un estudio poblacional sobre intereses parafílicos, encontraron que una proporción relevante de la población general reporta haber tenido fantasías relacionadas con dominación, sumisión o disciplina alguna vez en la vida, aunque la práctica activa y sostenida es minoritaria.

La revisión sistemática de Brown, Barker y Rahman (2020) en el Journal of Sex Research confirma esta brecha entre fantasía y conducta, y señala que la subdeclaración por miedo al juicio social sigue siendo una limitación importante de estos estudios, por lo que las cifras probablemente subestiman la prevalencia real.

¿Cuándo el BDSM se considera un problema clínico?

Solo cuando cumple criterios diagnósticos específicos, no por el simple hecho de practicarse. El DSM-5-TR distingue entre una «parafilia» (un interés sexual atípico, que no es en sí mismo motivo de diagnóstico) y un «trastorno parafílico», que requiere además que la persona experimente malestar clínicamente significativo y persistente por sus fantasías o impulsos, o que sus conductas involucren daño o falta de consentimiento de otra persona.

Bajo ese criterio, una persona que practica BDSM de forma consensuada, sin malestar y sin dañar a terceros no consintientes, no cumple los requisitos para un diagnóstico de trastorno de sadismo o masoquismo sexual. Esta distinción es la que ha ido cambiando la forma en que la psiquiatría y la sexología clínica abordan el tema desde el DSM-5 en adelante.

Elementos clínicos relevantes: consentimiento, comunicación y cuidados posteriores

Lo que distingue una práctica de BDSM de un abuso es el consentimiento informado, revocable en cualquier momento, y la negociación previa de límites. La propia comunidad ha desarrollado marcos como «seguro, sano y consensuado» o el acrónimo RACK (conducta de riesgo consciente y consensuada), que en la práctica funcionan como protocolos de seguridad: palabras de seguridad, límites explícitos y un período de cuidado posterior para regular el estado emocional y físico tras la actividad.

Para el personal de salud, entender esto tiene una utilidad concreta: permite sostener una historia clínica y sexual abierta, sin juicio, cuando sea relevante (por ejemplo, ante lesiones, consultas de salud mental o antecedentes sexuales), y también permite distinguir con mayor precisión cuándo una situación relatada por un paciente corresponde a una práctica consensuada y cuándo hay señales reales de coerción que ameritan intervención.

Preguntas frecuentes

¿El BDSM es un trastorno mental?

No, salvo que cumpla los criterios específicos del DSM-5-TR: malestar clínico persistente para la persona o conductas que involucren a alguien sin su consentimiento. Practicarlo de forma consensuada y sin malestar no constituye, por sí solo, un diagnóstico psiquiátrico.

¿Las personas que practican BDSM tienen más probabilidad de haber sufrido abuso en el pasado?

La evidencia disponible, incluidas encuestas poblacionales grandes, no respalda esa asociación. Los estudios comparativos no encuentran mayor prevalencia de abuso o coerción previa en practicantes de BDSM frente a la población general.

¿Debería preguntarle a mi paciente sobre BDSM en la consulta?

Cuando sea clínicamente relevante (lesiones inexplicadas, consultas de salud mental, historia sexual), conviene abrir el espacio con preguntas neutras y sin juicio, enfocadas en consentimiento, seguridad y bienestar, más que en los detalles de la práctica.


Si te interesa cómo varían las fantasías sexuales entre personas, puedes leer ¿Quién tiene más fantasías, hombres o mujeres? y Las 7 fantasías sexuales más frecuentes, según la ciencia.

Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.

Referencias

  • Wismeijer, A. A. J., & van Assen, M. A. L. M. (2013). Psychological Characteristics of BDSM Practitioners. Journal of Sexual Medicine, 10(8), 1943–1952.
  • Richters, J., De Visser, R. O., Rissel, C. E., Grulich, A. E., & Smith, A. M. A. (2008). Demographic and Psychosocial Features of Participants in Bondage and Discipline, «Sadomasochism» or Dominance and Submission (BDSM). Journal of Sexual Medicine, 5(7), 1660–1668.
  • Brown, A., Barker, E. D., & Rahman, Q. (2020). A Systematic Scoping Review of the Prevalence, Etiological, Psychological, and Interpersonal Factors Associated with BDSM. Journal of Sex Research, 57(6), 781–811.
  • American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed., text rev.). Trastornos parafílicos.
  • Joyal, C. C., & Carpentier, J. (2017). The Prevalence of Paraphilic Interests and Behaviors in the General Population. Journal of Sex Research, 54(2), 161–171.

Una respuesta a «BDSM y psicología: qué dice la evidencia sobre quienes lo practican»

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    […] Para situar este dato en el mapa general de las fantasías, revisa quién tiene más fantasías, hombres o mujeres. Y si te interesa qué dice la investigación sobre el perfil psicológico de quienes practican sexualidades no convencionales, aquí está la evidencia sobre BDSM y psicología. […]

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