Pocos temas de sexualidad femenina acumulan tanto mito por tan poca evidencia. Los estudios que sí existen son escasos y pequeños, pero coinciden en algo incómodo para el folclore de internet: el squirting y la eyaculación femenina no son lo mismo, y el primero viene sobre todo de la vejiga.

El squirting es la expulsión de un volumen relativamente abundante de líquido a través de la uretra durante la actividad sexual. Alrededor del fenómeno se ha construido una industria: vídeos, cursos, técnicas «infalibles» y la idea de que se trata de una prueba de orgasmo superior. Nada de eso tiene respaldo.

Lo que sí hay son unos pocos estudios fisiológicos, con muestras muy pequeñas, que permiten responder la pregunta básica —de dónde sale ese líquido— con bastante más claridad de la que sugiere el ruido.

En 30 segundos

  • El squirting y la eyaculación femenina son dos fenómenos distintos: el primero es un volumen abundante de líquido diluido; la segunda, unas gotas de secreción espesa.
  • El estudio ecográfico de referencia (Salama, 2015) documentó vejiga vacía antes de la estimulación, llena durante ella y vacía de nuevo tras la expulsión: el líquido procede en su mayor parte de la vejiga.
  • El análisis bioquímico mostró urea, creatinina y ácido úrico en concentraciones compatibles con orina diluida, con presencia de PSA en parte de las muestras —huella de las glándulas parauretrales o de Skene—.
  • Las cifras de prevalencia varían enormemente según cómo se defina el fenómeno; las revisiones recogen rangos que van de aproximadamente el 10% a más del 50% de mujeres que reportan alguna expulsión de líquido.
  • No hay evidencia de que el squirting indique mayor placer, mejor técnica ni un estado hormonal particular. Tampoco de que se pueda «entrenar».

Dos fenómenos que la cultura popular mezcla

La literatura distingue con claridad dos cosas que el lenguaje corriente confunde. La eyaculación femenina propiamente dicha consiste en la emisión de un volumen muy pequeño —del orden de mililitros o menos— de un líquido espeso y blanquecino, rico en antígeno prostático específico (PSA) y fosfatasa ácida prostática, producido por las glándulas parauretrales o de Skene, que la terminología anatómica internacional reconoce como próstata femenina.

El squirting es otra cosa: un volumen mucho mayor de líquido transparente y diluido. Rubio-Casillas y Jannini (2011) fueron de los primeros en argumentar formalmente que se trata de dos mecanismos separados que pueden coincidir en el tiempo, lo cual explica que el líquido expulsado sea casi siempre una mezcla.

Qué mostraron las ecografías

El trabajo más citado es el de Salama y colaboradores, publicado en The Journal of Sexual Medicine en 2015. Se estudió a siete mujeres que referían squirting habitual y abundante. El protocolo fue directo: ecografía pélvica tras vaciado voluntario de la vejiga, nueva ecografía durante la estimulación sexual, y una tercera inmediatamente después de la expulsión.

El resultado fue consistente en las siete participantes: vejiga vacía al inicio, llenado progresivo durante la excitación, y vejiga nuevamente vacía tras la emisión. Es decir, el líquido se acumula en la vejiga durante la excitación y se expulsa por la uretra. El análisis bioquímico del líquido confirmó la lectura: urea, creatinina y ácido úrico en concentraciones propias de orina, aunque diluida, y PSA detectable en parte de las muestras —la contribución de las glándulas de Skene—.

Por qué «es orina» es una respuesta incompleta

Decir simplemente «es pis» pasa por alto dos matices. El primero es que la composición no es la de una micción ordinaria: el líquido está diluido y suele contener marcadores de origen glandular. El segundo es que el mecanismo tampoco es una micción voluntaria; ocurre en el contexto de excitación y de forma involuntaria, y la propia acumulación rápida de líquido durante la excitación sigue sin estar bien explicada.

A esto se suma un problema de diagnóstico diferencial que las revisiones de Pastor (2013) y de Pastor y Chmel (2018) subrayan: bajo la etiqueta de «líquidos sexuales femeninos» conviven la lubricación vaginal, la eyaculación femenina, el squirting y la incontinencia urinaria coital, que es un cuadro clínico distinto y tratable. Distinguirlos importa, porque una pérdida involuntaria de orina durante el coito no es squirting y sí merece valoración médica.

El punto G y otras promesas

Buena parte del mercado del squirting se apoya en la existencia de un punto G entendido como estructura anatómica discreta. La evidencia no lo respalda. El estudio anatómico de Hoag, Keast y O’Connell (2017) no identificó ninguna estructura macroscópica que corresponda a ese concepto en la pared vaginal anterior; lo que hay es un complejo funcional formado por la uretra, las glándulas parauretrales y las raíces del clítoris. Esa zona puede ser sensible, pero no es un botón localizable ni garantiza ningún resultado.

De ahí se sigue lo demás. No existe evidencia de que el squirting pueda enseñarse de forma fiable, ni de que su ausencia indique un problema, ni de que el volumen expulsado tenga relación con la intensidad del orgasmo. Convertirlo en objetivo de rendimiento es, en la práctica, una fuente de ansiedad y de comparación innecesaria, sostenida por material audiovisual que no representa una muestra de nada.

Qué falta por saber

Conviene decirlo sin adornos: la base de evidencia es pobre. Los estudios fisiológicos tienen muestras de una decena de participantes o menos, seleccionadas precisamente por presentar el fenómeno de forma marcada, lo que impide generalizar. No hay estudios poblacionales rigurosos con definiciones homogéneas, y los cuestionarios existentes mezclan fenómenos distintos, que es exactamente el motivo de que las cifras de prevalencia publicadas varíen tanto.

Lo razonable, mientras tanto, es tratar el squirting como lo que la evidencia sugiere: una variante fisiológica benigna, ni indicador de salud sexual ni logro pendiente.

Preguntas frecuentes

¿Es normal no experimentarlo nunca?

Sí. No hay ningún dato que asocie su ausencia con disfunción, con menor sensibilidad o con peor calidad del orgasmo. Es una variabilidad fisiológica más, comparable a otras diferencias individuales de la respuesta sexual.

¿Influyen las hormonas, por ejemplo la testosterona?

No hay evidencia que vincule los niveles de testosterona ni de ninguna otra hormona con la presencia o el volumen del squirting. Es una afirmación que circula en foros sin ningún estudio que la sostenga.

¿Cuándo conviene consultar?

Cuando la pérdida de orina también ocurre fuera del contexto sexual —al toser, reír o hacer esfuerzo—, cuando resulta molesta o cuando se acompaña de dolor o urgencia miccional. Eso apunta a incontinencia, no a squirting, y tiene evaluación y tratamiento específicos.


Seguimos desmontando creencias sobre fluidos y rendimiento en ¿El semen tiene valor nutricional? La composición del semen según la evidencia y en ¿La masturbación baja la testosterona?.

Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.

Referencias

  • Salama S, Boitrelle F, Gauquelin A, Malagrida L, Thiounn N, Desvaux P. Nature and origin of “squirting” in female sexuality. J Sex Med. 2015;12(3):661-666.
  • Rubio-Casillas A, Jannini EA. New insights from one case of female ejaculation. J Sex Med. 2011;8(12):3500-3504.
  • Pastor Z. Female ejaculation orgasm vs. coital incontinence: a systematic review. J Sex Med. 2013;10(7):1682-1691.
  • Pastor Z, Chmel R. Differential diagnostics of female “sexual” fluids: a narrative review. Int Urogynecol J. 2018;29(5):621-629.
  • Hoag N, Keast JR, O’Connell HE. The “G-Spot” is not a structure evident on macroscopic anatomy of the human vagina. J Sex Med. 2017;14(12):1524-1532.

3 respuestas a «Squirting: qué es realmente según la ciencia»

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