Circula desde hace décadas en foros, vestidores y videos motivacionales: masturbarse «gasta» testosterona y debilita. La ciencia hormonal dice otra cosa: en personas sanas, la masturbación no reduce de forma sostenida los niveles de testosterona. Lo que sí cambia son las cifras minuto a minuto, y ahí está el origen de buena parte de la confusión.
La testosterona es una hormona con múltiples funciones —masa muscular, densidad ósea, producción de espermatozoides, entre otras— y su nivel varía naturalmente a lo largo del día, según el sueño, el estrés y la edad. Que varíe también con la actividad sexual es cierto, pero la dirección y la magnitud de ese cambio distan mucho de lo que sugiere el mito popular.
Esta nota revisa qué muestran los estudios hormonales sobre masturbación y testosterona, de dónde viene la idea de que «bajar el conteo» sube los niveles, y qué hay detrás de movimientos como NoFap.
En 30 segundos
- No hay evidencia de que la masturbación reduzca de forma crónica o permanente los niveles basales de testosterona en personas sanas.
- Estudios que midieron testosterona antes y después de la eyaculación muestran cambios transitorios y pequeños, no una caída sostenida.
- El estudio más citado para justificar la abstinencia (Jiang et al., 2003) tuvo una muestra de apenas 10 hombres y encontró un pico transitorio de testosterona alrededor del séptimo día sin eyacular; no ha sido replicado de forma robusta y no implica beneficio funcional alguno.
- Lo que sí baja la testosterona de forma consistente son la falta de sueño, la obesidad, el estrés crónico y ciertas condiciones médicas: ahí está el terreno real de intervención, no en la frecuencia de masturbación.
- Movimientos como NoFap reportan beneficios subjetivos de bienestar y enfoque, pero la evidencia científica no respalda un mecanismo hormonal detrás de esa mejoría percibida.
Qué muestran realmente los estudios hormonales
La testosterona no es una reserva fija que se «gasta» con la actividad sexual, sino una hormona que se sintetiza y libera de manera continua, con un ritmo circadiano marcado: es más alta por la mañana y desciende hacia la noche, independientemente de la conducta sexual. Sobre ese ritmo de fondo se superponen variaciones puntuales asociadas a la excitación, la eyaculación y el estrés agudo.
Varios estudios de los años 80 y 90, entre ellos el trabajo de Exton y colegas publicado en World Journal of Urology (2001) sobre respuesta hormonal a la masturbación hasta el orgasmo, documentaron elevaciones transitorias de prolactina y cambios menores y de corta duración en testosterona alrededor del orgasmo, que vuelven a su línea base en cuestión de minutos u horas. Es decir: hay fluctuación, pero no una deplección que deje a la persona con menos testosterona «disponible» al día siguiente.
El estudio de los 10 hombres que sigue citándose
Buena parte del argumento a favor de la abstinencia se apoya en un solo estudio: Jiang y colaboradores (2003), publicado en una revista china de andrología, que siguió a diez hombres durante un periodo de abstinencia eyaculatoria y encontró que la testosterona sérica aumentaba progresivamente hasta un pico alrededor del séptimo día, para luego descender. El hallazgo es real dentro de ese diseño, pero su alcance es muy limitado: una muestra de diez personas, sin grupo control adecuado ni seguimiento a largo plazo, y sin que se haya demostrado que ese pico transitorio se traduzca en algún beneficio funcional (fuerza, libido, rendimiento cognitivo).
Revisiones posteriores y estudios con muestras más grandes no han logrado establecer que la frecuencia habitual de masturbación tenga un efecto clínicamente relevante sobre los niveles basales de testosterona en hombres sanos. En mujeres, la evidencia es aún más escasa, pero tampoco respalda una relación causal entre masturbación y niveles hormonales alterados.
Entonces, ¿qué sí baja la testosterona?
La evidencia es mucho más sólida para otros factores: la privación crónica de sueño, la obesidad y el síndrome metabólico, el consumo de alcohol en exceso, el estrés psicológico sostenido (vía cortisol elevado) y ciertas condiciones médicas como el hipogonadismo. Si alguien busca optimizar sus niveles hormonales, la evidencia apunta a dormir lo suficiente, mantener un peso saludable y manejar el estrés, no a contar los días sin eyacular.
¿Por qué persiste el mito?
Parte de la explicación es cultural: la idea de que el semen contiene una «esencia vital» limitada es antigua y aparece en distintas tradiciones, desde textos ayurvédicos hasta discursos de higiene sexual del siglo XIX en Europa y Estados Unidos, que asociaban la masturbación con debilidad, fatiga y enfermedad sin ninguna base fisiológica. Esa herencia cultural sigue circulando hoy, reforzada por foros y contenido motivacional que presenta la abstinencia como una forma de disciplina o «modo alfa».
A eso se suma el efecto placebo y la atención selectiva propios de comunidades como NoFap, donde las personas reportan sentirse con más energía o confianza durante periodos de abstinencia, una mejoría subjetiva que puede deberse a otros cambios de hábito (dormir mejor, hacer más ejercicio, reducir el consumo de pornografía) más que a un cambio hormonal medible.
Preguntas frecuentes
¿La masturbación frecuente causa infertilidad o baja el conteo de espermatozoides a largo plazo?
No de forma permanente. La eyaculación reciente puede reducir transitoriamente el conteo de una muestra puntual, por eso se pide abstinencia de 2 a 5 días antes de un espermatograma, pero esto no refleja una reducción de la fertilidad general ni de la producción hormonal a largo plazo.
¿Tiene sentido hacerse un análisis de testosterona si me preocupa el tema?
Si hay síntomas concretos (fatiga marcada, disminución del deseo sexual, disfunción eréctil persistente), sí tiene sentido consultar con un médico para una valoración hormonal completa, en lugar de autodiagnosticarse por la frecuencia de masturbación.
¿NoFap tiene algún respaldo científico?
No hay evidencia de que la abstinencia de masturbación por sí sola produzca beneficios hormonales o de rendimiento medibles. Los beneficios que reportan sus practicantes son plausibles como efecto de cambios asociados de hábito y expectativa, no como un mecanismo hormonal comprobado.
Sobre otros mitos relacionados con la testosterona y la sexualidad, puedes revisar también nuestra nota sobre si la pornografía baja la testosterona y el análisis de andropausia y síntomas de testosterona baja.
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Referencias
- Exton, M. S., Krüger, T. H., Bursch, N., et al. (2001). Endocrine response to masturbation-induced orgasm in healthy men following a 3-week sexual abstinence. World Journal of Urology, 19(5), 377–382.
- Jiang, M., Xin, J., Zou, Q., & Shen, J. (2003). A research on the relationship between ejaculation and serum testosterone level in men. Journal of Zhejiang University Science, 4(2), 236–240.
- World Health Organization. (2021). WHO Laboratory Manual for the Examination and Processing of Human Semen (6th ed.).
- Bhasin, S., Brito, J. P., Cunningham, G. R., et al. (2018). Testosterone therapy in men with hypogonadism: An Endocrine Society Clinical Practice Guideline. Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, 103(5), 1715–1744.

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