El deseo no es plano a lo largo del mes, pero tampoco es el reloj biológico que prometen las revistas. Cuando se miden hormonas de verdad, aparece un aumento del deseo alrededor de la ovulación: real, replicado y bastante más pequeño de lo que sugiere el relato popular.
Pocas ideas sobre sexualidad femenina se repiten tanto como esta: que en la ovulación las mujeres «se vuelven otra cosa». La versión popular mezcla un hallazgo genuino con una exageración. El hallazgo es que existe una fluctuación cíclica del deseo asociada a las hormonas ováricas. La exageración es convertir esa fluctuación en un determinismo que borra al contexto, a la pareja, al descanso y a la propia historia sexual.
Vale la pena separar ambas cosas, porque la diferencia importa en consulta: una paciente que cree que su deseo «debería» tener un pico obligatorio a mitad de ciclo puede interpretar como patología algo que simplemente es variabilidad normal.
En 30 segundos
- Sí cambia, pero poco. Los estudios que miden hormonas o la subida de LH encuentran un aumento del deseo en la fase periovulatoria, con un tamaño de efecto modesto.
- El estradiol sube el deseo; la progesterona lo baja. Es la asociación intraindividual más consistente en estudios diarios con muestras de saliva.
- La variabilidad entre mujeres es enorme. El «patrón promedio» no describe bien a ninguna mujer concreta: muchas no notan ningún pico y eso es normal.
- La idea de que cambian los gustos de pareja en la ovulación está muy debilitada. Los estudios preregistrados grandes no la han replicado.
- Los anticonceptivos hormonales aplanan el ciclo hormonal. En cuanto al deseo, la mayoría de usuarias no reporta cambios o reporta mejoría; una minoría sí reporta descenso.
Qué se ve cuando se mide bien el ciclo
El deseo aumenta de forma medible en los días fértiles, pero solo se detecta con claridad cuando el estudio identifica la ovulación con marcadores objetivos. Buena parte de la literatura antigua ubicaba la ovulación «contando días» desde la última menstruación, un método impreciso que introduce ruido suficiente como para hacer desaparecer o inflar el efecto.
Cuando se usa la detección del pico de hormona luteinizante (LH) en orina, el patrón aparece: el deseo, las fantasías y la iniciativa sexual se concentran en una ventana de pocos días alrededor de la ovulación. Los estudios de frecuencia coital en poblaciones que no usaban anticoncepción hormonal encuentran el mismo pico en la ventana fértil, aunque con un fuerte efecto competidor: los fines de semana.
Estradiol arriba, progesterona abajo
El mecanismo hormonal más apoyado es sencillo: dentro de una misma mujer, los días con estradiol más alto tienden a ser días de más deseo, y los días con progesterona más alta tienden a ser días de menos deseo. Los estudios diarios con muestras de saliva a lo largo de ciclos completos reproducen esa asociación. Es coherente con el perfil endocrino: el estradiol alcanza su máximo justo antes de la ovulación, y la progesterona domina la segunda mitad del ciclo.
Un matiz importante: la testosterona, que es la hormona a la que el discurso comercial atribuye todo el deseo femenino, no explica bien estas fluctuaciones cíclicas. Sus niveles varían poco a lo largo del ciclo y su correlación con el deseo día a día es débil.
El tamaño del efecto: por qué el promedio engaña
El efecto del ciclo sobre el deseo es real pero pequeño comparado con otras fuentes de variación. En los mismos estudios, el estrés, la calidad del sueño, la fase de la relación y la disponibilidad de la pareja mueven el deseo tanto o más que la fase del ciclo.
Además, el gráfico limpio con un pico central que suele ilustrar estos artículos es un promedio de grupo. Al mirar mujer por mujer, los patrones individuales son heterogéneos: algunas tienen un pico periovulatorio nítido, otras describen más deseo durante o justo después de la menstruación, y otras no muestran ningún patrón reconocible. Ninguna de estas tres situaciones es anormal.
El mito adyacente: «en la ovulación te gustan otros hombres»
La afirmación de que las preferencias de pareja se desplazan hacia rasgos más masculinizados durante la fase fértil hoy está seriamente cuestionada. Fue popularísima entre 2000 y 2015, pero los estudios grandes, con medición hormonal directa y análisis preregistrados, encuentran de forma consistente un aumento del deseo sexual general sin un cambio correspondiente en el tipo de rostro, voz o rasgo que resulta atractivo.
Es un buen ejemplo de por qué conviene desconfiar de hallazgos llamativos basados en muestras pequeñas: la fluctuación del deseo sobrevivió a la replicación; la fluctuación de las preferencias, no.
Qué pasa con los anticonceptivos hormonales
Los anticonceptivos hormonales combinados suprimen la ovulación y con ella el pico de estradiol, de modo que el patrón cíclico del deseo se aplana. Lo que no está claro es que eso se traduzca en menos deseo global.
Las revisiones sistemáticas sobre anticonceptivos orales combinados y deseo sexual coinciden en que la mayoría de las usuarias no reporta cambios o reporta mejoría —a menudo por reducción de la ansiedad ante el embarazo o del dolor menstrual—, mientras que una minoría clínicamente relevante sí reporta descenso del deseo. Ese subgrupo existe y merece ser escuchado en consulta en lugar de ser desestimado. Si aparece un descenso del deseo claramente temporal con el inicio de un método, es motivo de valoración médica para revisar alternativas, no de aguantarse.
Cuando el ciclo no es un ciclo
Hablar de «fases del ciclo» presupone ciclos ovulatorios regulares, y eso no siempre se cumple. En los primeros años tras la menarquia una proporción alta de ciclos es anovulatoria, por inmadurez del eje hipotálamo-hipófiso-ovárico. En la perimenopausia ocurre lo inverso: los ciclos se vuelven irregulares y el estradiol fluctúa de forma errática antes de caer.
En ambos extremos, buscar un patrón cíclico del deseo tiene poco sentido, y las quejas de deseo bajo se explican mejor por otros factores —sueño, síntomas vasomotores, sequedad vaginal, estado de ánimo, contexto relacional— que por la fase del mes.
Qué hacer con esta información
La aplicación práctica es modesta y honesta: si una mujer identifica un patrón propio, registrarlo durante dos o tres ciclos puede ayudarle a leer sus altibajos sin alarmarse. Si no identifica ninguno, no hay nada que corregir.
Lo que no se sostiene es el uso del ciclo como explicación total. Un deseo bajo persistente, que genera malestar y dura meses, no es «la fase lútea»: es un motivo de consulta que merece evaluación de causas médicas, farmacológicas, psicológicas y relacionales.
Preguntas frecuentes
¿Es cierto que hay más deseo durante la menstruación?
Muchas mujeres lo reportan, y es un patrón individual perfectamente posible. En los promedios de grupo el pico dominante es periovulatorio, pero las curvas individuales varían y un aumento perimenstrual no indica nada anormal.
¿Sirven las apps de ciclo para predecir el deseo?
Sirven como registro, no como predicción. Estiman la ovulación por calendario, un método impreciso incluso en ciclos regulares, y el efecto que intentan predecir es pequeño frente al peso del sueño, el estrés y el contexto de pareja.
Si mi deseo no cambia en todo el mes, ¿tengo un problema hormonal?
No. La ausencia de fluctuación perceptible es común y no indica por sí sola alteración endocrina. Lo que sí justifica evaluación médica es un deseo bajo persistente que genera malestar personal, con o sin patrón cíclico.
Si te interesa el otro extremo de la vida reproductiva, en perimenopausia y deseo revisamos qué cambia cuando el ciclo se vuelve errático; y en deseo sexual bajo en la mujer explicamos cuándo la falta de deseo deja de ser variabilidad normal y pasa a ser un diagnóstico.
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Referencias
- Roney JR, Simmons ZL. Hormonal predictors of sexual motivation in natural menstrual cycles. Hormones and Behavior. 2013;63(4):636-645.
- Bullivant SB, Sellergren SA, Stern K, et al. Women’s sexual experience during the menstrual cycle: identification of the sexual phase by noninvasive measurement of luteinizing hormone. Journal of Sex Research. 2004;41(1):82-93.
- Wilcox AJ, Baird DD, Dunson DB, et al. On the frequency of intercourse around ovulation: evidence for biological influences. Human Reproduction. 2004;19(7):1539-1543.
- Jones BC, Hahn AC, DeBruine LM. Ovulation, sex hormones, and women’s mating psychology. Trends in Cognitive Sciences. 2019;23(1):51-62.
- Pastor Z, Holla K, Chmel R. The influence of combined oral contraceptives on female sexual desire: a systematic review. European Journal of Contraception & Reproductive Health Care. 2013;18(1):27-43.

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