Pocas prácticas sexuales acumulan tantos prejuicios y tan pocos datos como el swinging. Cuando uno va a la literatura científica, el retrato que aparece no confirma ni la caricatura del desenfreno ni la fantasía del paraíso sin conflictos: aparece un grupo de parejas relativamente convencionales que negocian reglas explícitas y que, en promedio, no reportan peor calidad de relación que las monógamas.

El swinging —el intercambio consensuado de parejas sexuales dentro de un acuerdo de pareja estable— es probablemente la forma más antigua y más estigmatizada de no monogamia consensuada. También es una de las peor estudiadas: la mayoría de la investigación disponible proviene de muestras de conveniencia reclutadas en clubes, convenciones o foros en línea, no de encuestas poblacionales.

Eso obliga a leer los hallazgos con cautela. Pero la cautela no equivale a silencio: hay suficientes datos serios —de prevalencia, de satisfacción y de conducta preventiva— para desmontar varias creencias que se repiten en consulta y en la conversación pública.

En 30 segundos

  • En dos muestras nacionales de estadounidenses solteros, alrededor de 1 de cada 5 declaró haber tenido en algún momento una relación no monógama consensuada (Haupert et al., 2017).
  • La no monogamia consensuada no se asocia con peor calidad de relación ni con peor bienestar psicológico respecto de la monogamia en las revisiones disponibles (Rubel y Bogaert, 2015).
  • Hallazgo contraintuitivo: quienes practican no monogamia consensuada usan condón y se testean más que las personas que engañan dentro de una relación supuestamente monógama (Lehmiller, 2015).
  • Los celos no desaparecen: se gestionan con reglas explícitas. Los estudios cualitativos describen negociación constante, no ausencia de conflicto.
  • Limitación clave: casi todo se basa en muestras autoseleccionadas, con sobrerrepresentación de quienes están satisfechos. Los datos no permiten decir que «funcione mejor».

Qué es swinging y qué no lo es

El swinging es una modalidad de no monogamia consensuada en la que una pareja estable acuerda tener encuentros sexuales con terceros, habitualmente juntos o en contextos sociales compartidos, y con un énfasis explícito en mantener la exclusividad emocional dentro de la pareja primaria.

Eso lo distingue de otras formas del mismo paraguas. En las relaciones abiertas cada miembro busca encuentros por separado; en el poliamor se admiten explícitamente vínculos afectivos múltiples. Y lo separa por completo de la infidelidad, que por definición carece del elemento que define a todo este grupo: el consentimiento informado de todas las partes.

Cuánta gente lo practica realmente

Es más común de lo que la mayoría supone, pero mucho menos de lo que sugieren los titulares. Los mejores datos poblacionales corresponden al conjunto de la no monogamia consensuada, no al swinging por separado.

Haupert y colaboradores analizaron dos muestras nacionales de adultos solteros en Estados Unidos y encontraron que aproximadamente el 21% había mantenido alguna vez una relación no monógama consensuada, con cifras muy parecidas entre hombres y mujeres y a lo largo de distintos grupos de edad y orientación sexual.

La prevalencia actual es bastante menor. En el National Survey of Sexual Health and Behavior, Levine y colaboradores hallaron que cerca del 4% de los adultos estaba en ese momento en una relación abierta. La lectura razonable: la experimentación en algún punto de la vida es relativamente frecuente; la práctica sostenida, minoritaria.

¿Destruye la pareja? Lo que dicen los datos

No hay evidencia de que la no monogamia consensuada se asocie a peor calidad de relación ni a peor salud mental. La revisión de Rubel y Bogaert, que reunió décadas de estudios, no encontró diferencias sistemáticas en satisfacción, compromiso o bienestar psicológico frente a las parejas monógamas.

Conviene ser preciso sobre lo que esto significa y lo que no. No significa que abrir una relación mejore una pareja en crisis: los estudios son mayoritariamente transversales, y quienes llegan a estos acuerdos suelen partir de relaciones con alta comunicación previa. Es un problema clásico de dirección causal.

El sesgo del halo monógamo

Conley y colaboradores documentaron un fenómeno relevante para la lectura crítica de este campo: las personas atribuyen a las parejas monógamas virtudes que nada tienen que ver con el sexo —desde pagar impuestos a tiempo hasta lavarse los dientes—. Ese «halo» contamina tanto la percepción social como, con frecuencia, la interpretación de los propios datos.

Celos, reglas y el trabajo invisible

Los celos no desaparecen: se administran. El trabajo cualitativo de Kimberly y Hans, basado en entrevistas a parejas en el estilo de vida swinger, describe un proceso por etapas —curiosidad, negociación, primeras experiencias, renegociación— en el que las reglas se ajustan de forma continua tras cada conflicto.

Los acuerdos típicos que emergen en esa literatura incluyen límites sobre el contacto emocional con terceros, sobre la repetición con la misma persona y sobre el derecho de veto de cualquiera de los dos. Lo que estos estudios describen no es ausencia de celos, sino una inversión sostenida en comunicación explícita que muchas parejas monógamas nunca han tenido que hacer.

Salud sexual: el hallazgo que sorprende

Aquí la evidencia contradice de frente al sentido común. Lehmiller comparó las prácticas de salud sexual de personas en relaciones no monógamas consensuadas con las de personas monógamas que habían sido infieles: las primeras usaban condón con mayor frecuencia y se realizaban pruebas de ITS con mayor regularidad.

La explicación es plausible: el riesgo negociado se planifica, el riesgo oculto no. Quien engaña no puede preparar la conversación, ni el preservativo, ni el control posterior sin delatarse. Esto no convierte al swinging en una práctica de bajo riesgo —más parejas sexuales sigue significando mayor exposición—, pero sí desmonta la idea de que la monogamia declarada protege por sí sola.

Qué no sabemos todavía

Tres limitaciones importan al leer cualquier titular sobre swingers. Primera, el reclutamiento: quien responde una encuesta en un club o una convención está, casi por definición, entre quienes están conformes con la experiencia. Segunda, la escasez de estudios longitudinales: sabemos poco sobre qué ocurre a cinco o diez años. Tercera, el sesgo cultural: casi toda la evidencia proviene de Norteamérica y Europa occidental, con muy pocos datos latinoamericanos.

Preguntas frecuentes

¿El swinging predice divorcio?

No hay evidencia sólida de que lo prediga. Tampoco la hay de que proteja. Los estudios disponibles son transversales y no permiten establecer causalidad en ninguna dirección; los predictores de ruptura mejor documentados siguen siendo los patrones de comunicación conflictiva, no la estructura del acuerdo sexual.

¿Es una forma de adicción sexual?

No. Ninguna clasificación diagnóstica vigente considera la no monogamia consensuada un trastorno. El criterio clínico relevante no es la conducta en sí, sino la presencia de malestar significativo, pérdida de control o consecuencias negativas persistentes.

¿Sirve para salvar una relación en crisis?

La evidencia no lo respalda. Las parejas que aparecen en estos estudios tienden a partir de una comunicación ya buena, no a adquirirla en el proceso. Abrir una relación como reparación de un conflicto no resuelto no tiene sustento empírico.


Si te interesa el tema, seguimos la misma lógica de datos en Monogamia vs. no monogamia: ¿funcionan las relaciones abiertas según los datos? y en Fantasía de trío: prevalencia y realidad según los datos.

Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.

Referencias

  • Haupert ML, Gesselman AN, Moors AC, Fisher HE, Garcia JR. Prevalence of experiences with consensual nonmonogamous relationships: findings from two national samples of single Americans. Journal of Sex & Marital Therapy. 2017;43(5):424-440.
  • Levine EC, Herbenick D, Martinez O, Fu TC, Dodge B. Open relationships, nonconsensual nonmonogamy, and monogamy among U.S. adults. Archives of Sexual Behavior. 2018;47(5):1439-1450.
  • Rubel AN, Bogaert AF. Consensual nonmonogamy: psychological well-being and relationship quality correlates. Journal of Sex Research. 2015;52(9):961-982.
  • Lehmiller JJ. A comparison of sexual health history and practices among monogamous and consensually nonmonogamous sexual partners. The Journal of Sexual Medicine. 2015;12(10):2022-2028.
  • Kimberly C, Hans JD. From fantasy to reality: a grounded theory of experiences in the swinging lifestyle. Archives of Sexual Behavior. 2017;46(3):789-799.

Una respuesta a «Swinging: qué muestran los estudios sobre las parejas liberales (swingers)»

  1. Avatar de Cuckolding: qué es esta fantasía y qué dice la evidencia – Sexualidad Basada en Evidencia

    […] Si le interesa el patrón general de distancia entre lo que se fantasea y lo que se practica, lo revisamos con datos en fantasía de trío: prevalencia y realidad según los datos. Y para el caso en el que la fantasía sí se lleva a la práctica de forma organizada, vea qué muestran los estudios sobre las parejas liberales. […]

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