Una infección que sabíamos curar desde 1943 volvió a ser un problema global. La sífilis creció de forma sostenida en la última década, y su rasgo más peligroso no es la gravedad de sus síntomas iniciales, sino lo fácil que resulta no verlos.
La sífilis es una infección de transmisión sexual causada por la bacteria Treponema pallidum. Se curó durante décadas con penicilina y llegó a considerarse un problema en vías de control. Ya no lo es: la Organización Mundial de la Salud estimó alrededor de 8 millones de nuevos casos en adultos de 15 a 49 años durante 2022, y varios países de América y Europa reportan las cifras más altas en más de medio siglo.
Lo que hace de esta infección un problema de salud pública no es que sea difícil de tratar —no lo es—, sino que sus manifestaciones tempranas suelen ser indoloras, transitorias y fácilmente confundibles con otra cosa. Quien no las reconoce no consulta, y quien no consulta sigue transmitiéndola.
En 30 segundos
- El primer síntoma típico es una úlcera única e indolora (chancro) que aparece semanas después del contagio y desaparece sola. Que se cure no significa que la infección se haya ido.
- La fase secundaria suele dar una erupción que puede afectar palmas y plantas, un rasgo poco frecuente en otras erupciones comunes.
- La OMS estimó unos 8 millones de casos nuevos en adultos en 2022; la sífilis congénita es la complicación más grave y es prevenible con tamizaje prenatal.
- El diagnóstico es serológico y requiere dos tipos de prueba: treponémica y no treponémica. Una sola no basta.
- No existe vacuna contra la sífilis. La prevención descansa en el condón, el tamizaje periódico y el tratamiento de los contactos.
Los síntomas, etapa por etapa
La sífilis se llamó durante mucho tiempo «la gran imitadora» porque puede parecerse a casi cualquier cosa. Conocer la secuencia ayuda a saber cuándo pedir una prueba.
Sífilis primaria
Aparece un chancro: una úlcera de bordes bien definidos, base limpia y, sobre todo, indolora. Surge en el sitio de inoculación —genital, anal u oral— unas tres semanas después de la exposición, con un rango que va de 10 a 90 días. Puede acompañarse de ganglios regionales también indoloros.
El punto clínico decisivo: cicatriza solo en tres a seis semanas sin tratamiento. Esa resolución espontánea es la principal razón por la que tantos casos no se diagnostican a tiempo. Además, si la úlcera está en el cuello uterino, el recto o la boca, puede pasar del todo inadvertida.
Sífilis secundaria
Semanas o meses después, la bacteria ya está diseminada. Lo más característico es una erupción cutánea que habitualmente no pica y que puede comprometer palmas de las manos y plantas de los pies: pocas erupciones frecuentes lo hacen, y ese detalle debe hacer sospechar. Pueden sumarse lesiones húmedas en pliegues, caída irregular del cabello, lesiones en mucosas, fiebre, malestar general y ganglios generalizados.
Esta etapa es especialmente contagiosa, y también se resuelve sola. La infección, sin embargo, continúa.
Sífilis latente y tardía
Tras la fase secundaria la infección entra en un periodo sin síntomas que solo se detecta por serología. Puede durar años. En una minoría de personas no tratadas evoluciona a formas tardías con daño cardiovascular —aortitis, aneurismas— o gomas en piel, hueso y vísceras.
Una precisión importante: la neurosífilis no es exclusiva de la etapa tardía. La afectación del sistema nervioso, del oído o del ojo puede ocurrir en cualquier momento de la infección, incluso precozmente. Pérdida de visión o de audición en alguien con sospecha de sífilis es motivo de evaluación urgente.
Por qué está regresando
No hay una sola causa, sino una suma de factores documentados en los informes de vigilancia. Los sistemas de tamizaje y control de contactos se debilitaron en muchos países, con retroceso presupuestario en los programas de ITS. La cobertura de tamizaje prenatal es incompleta en varias regiones, lo que explica el repunte de la forma congénita. Y el diagnóstico se retrasa por lo silenciosas que son las etapas iniciales.
El dato más duro es la sífilis congénita, que ha aumentado varias veces en la última década en los países con vigilancia estrecha. Es, casi siempre, una oportunidad perdida: se previene con una prueba y un tratamiento oportunos durante el embarazo.
Cómo se detecta
El diagnóstico se hace con análisis de sangre y siempre combina dos categorías de prueba, porque cada una responde una pregunta distinta.
Las pruebas no treponémicas (VDRL, RPR) miden actividad de la infección y se expresan en títulos; sirven para decidir tratamiento y para el seguimiento posterior. Las pruebas treponémicas (TP-PA, FTA-ABS, inmunoensayos, pruebas rápidas) confirman el contacto con la bacteria, pero suelen permanecer positivas de por vida, por lo que no distinguen infección activa de una ya tratada.
Sobre a quién tamizar, las recomendaciones coinciden en dos puntos: a todas las personas gestantes en la primera consulta prenatal —y de nuevo más adelante en contextos de alta prevalencia— y a las personas con mayor exposición, incluidas quienes viven con VIH, quienes usan profilaxis preexposición y quienes tienen múltiples parejas o antecedentes de otras ITS.
Tratamiento y prevención
La sífilis es curable, y sigue siendo sensible a la penicilina inyectable: no se han descrito resistencias relevantes de T. pallidum a este antibiótico. El esquema concreto depende de la etapa y de si hay compromiso neurológico, ocular o embarazo, de modo que la indicación y la dosis corresponden siempre a una valoración médica. El tratamiento cura la infección, pero no revierte el daño orgánico ya establecido, ni protege frente a una reinfección futura.
Dos puntos prácticos suelen olvidarse. El primero: hay que tratar a las parejas sexuales del periodo relevante, o el ciclo de reinfección se reinicia. El segundo: el seguimiento serológico posterior es parte del tratamiento, no un extra opcional.
En prevención, el condón reduce el riesgo pero no lo elimina, porque las lesiones pueden ubicarse fuera del área que cubre. Se investigan estrategias adicionales —como la profilaxis antibiótica posexposición con doxiciclina, que en ensayos en poblaciones de alto riesgo redujo de forma marcada los casos de sífilis—, pero su indicación es selectiva y debe evaluarse con un profesional. Vacuna, hoy, no hay.
Preguntas frecuentes
Si la úlcera desapareció, ¿me curé?
No. El chancro cicatriza solo aunque la infección siga activa y siga siendo transmisible. La desaparición de la lesión no es un criterio de curación: la única forma de saberlo es con pruebas serológicas y tratamiento indicado por un médico.
¿Se transmite por sexo oral?
Sí. El contacto directo con una lesión activa transmite la infección, y el chancro puede localizarse en boca, labios o garganta. Es una vía subestimada precisamente porque esas lesiones pasan más desapercibidas.
¿Puedo contagiarme más de una vez?
Sí. Haber tenido sífilis y haberla curado no deja inmunidad protectora. La reinfección es posible y frecuente si persiste la exposición y las parejas no reciben tratamiento.
Para seguir con el mismo criterio de evidencia, puedes leer Efectividad del condón según la evidencia: qué previene y qué no y Herpes genital: lo que hay que saber sin dramatismo.
Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.
Referencias
- World Health Organization. Sexually transmitted infections (STIs): key facts and global estimates. Ginebra: OMS, 2024.
- Workowski KA, Bachmann LH, Chan PA, et al. Sexually Transmitted Infections Treatment Guidelines, 2021. MMWR Recommendations and Reports. 2021;70(4):1-187.
- Centers for Disease Control and Prevention. Sexually Transmitted Infections Surveillance, 2023. Atlanta: CDC.
- US Preventive Services Task Force. Screening for syphilis infection in nonpregnant adolescents and adults: reaffirmation recommendation statement. JAMA. 2022;328(12):1243-1249.
- Luetkemeyer AF, Donnell D, Dombrowski JC, et al. Postexposure doxycycline to prevent bacterial sexually transmitted infections. New England Journal of Medicine. 2023;388(14):1296-1306.

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