Una camiseta sudada bastó para lanzar una de las ideas más populares de la biología del amor: que elegimos pareja olfateando su sistema inmunitario. Treinta años después, la evidencia es más modesta que el titular, pero el olfato sigue teniendo un papel real —solo que otro.

La historia se cuenta en todas partes. Unas mujeres huelen camisetas usadas por desconocidos y prefieren, sin saber nada de ellos, el olor de los varones genéticamente más distintos a ellas en los genes del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC, llamado HLA en humanos), los que gobiernan el reconocimiento inmunitario. La lectura popular fue inmediata: el olfato funciona como detector de compatibilidad genética y «la química» entre dos personas es literalmente química.

La lectura científica se ha ido complicando. El experimento original existe y está bien hecho, pero las réplicas han sido irregulares, el efecto aparece en algunas poblaciones y se desvanece en otras, y hay una variable incómoda de por medio. Al mismo tiempo, una afirmación bastante más sencilla ha resistido muy bien el escrutinio: el olor corporal pesa en la atracción humana mucho más de lo que la gente declara. Conviene separar las dos cosas, porque solo una de ellas está sólida.

En 30 segundos

  • El estudio fundacional (Wedekind, 1995) sí encontró preferencia femenina por olores de varones con MHC disímil, pero con muestra pequeña (49 mujeres) y en condiciones de laboratorio.
  • Las réplicas son inconsistentes. Al analizar el genoma de parejas reales, aparece señal de disimilitud HLA en poblaciones de origen europeo y ninguna señal en parejas yoruba de Nigeria.
  • En el estudio original la preferencia se invertía en las mujeres que tomaban anticonceptivos orales. Ese hallazgo concreto tampoco se ha replicado de forma convincente.
  • Lo que sí está bien establecido: el olor corporal influye en la atracción, y las mujeres lo puntúan por encima de varias señales visuales cuando se les pregunta qué pesa al elegir pareja.
  • Las personas sin olfato lo notan en su vida afectiva: los varones con anosmia congénita reportan muchas menos parejas sexuales y las mujeres, menor seguridad en la relación.

De dónde viene la idea: una camiseta sudada en Berna

El origen es un experimento publicado en 1995 por Claus Wedekind y su equipo en Suiza. Varones usaron una camiseta de algodón durante dos noches, con instrucciones estrictas: nada de perfume, jabón neutro, sin tabaco ni alcohol, sin comida especiada, sin dormir acompañados. Luego, 49 mujeres olfatearon las camisetas dentro de cajas y puntuaron intensidad, agrado y «cuánto les recordaba a una pareja». Todos los participantes estaban genotipados para MHC.

El resultado fue el que hizo famoso al estudio: las mujeres valoraron como más agradables los olores de varones con genotipos MHC distintos del propio. La interpretación evolutiva era elegante. Una descendencia con MHC heterocigoto reconocería un repertorio más amplio de patógenos, y además la disimilitud en esos genes correlaciona con un menor parentesco, de modo que el olor serviría de doble señal: evitar la endogamia y diversificar la inmunidad. El problema es que un hallazgo elegante con 49 personas es una hipótesis, no un hecho.

Qué pasó cuando se intentó replicar

La respuesta corta: resultados mixtos y dependientes de la población estudiada. La prueba más exigente no es el laboratorio, sino el genoma de parejas que ya se eligieron. Si el MHC guiara la elección, las parejas reales deberían ser más disímiles entre sí de lo que predice el azar. En 2008, un análisis de parejas de ascendencia europea encontró precisamente esa señal, pero el mismo análisis aplicado a parejas yoruba de Nigeria no encontró nada. Trabajos posteriores sobre otras cohortes tampoco hallaron el patrón de forma consistente.

Las revisiones del campo llegan a una conclusión incómoda pero honesta: existe evidencia de que el HLA puede influir en preferencias olfativas y en satisfacción sexual dentro de la pareja, pero el efecto es pequeño, inestable entre estudios y fácilmente tapado por factores culturales, geográficos y de disponibilidad. Dicho de otro modo, el MHC no es el volante de la elección de pareja. Como mucho, es uno de los muchos factores que empujan el volante un grado.

La variable anticonceptiva

El estudio de 1995 incluyó un detalle que se volvió titular por sí solo: entre las mujeres que tomaban anticonceptivos orales, la preferencia se invertía hacia olores de MHC similar. De ahí saltó a la prensa la idea de que dejar la píldora puede hacer que tu pareja «deje de oler bien». Hay que ser prudente: ese subgrupo era muy pequeño, y los intentos posteriores de replicar la inversión no han dado un resultado estable. La hipótesis es plausible desde la endocrinología, pero hoy no es una afirmación que la evidencia sostenga.

Lo que el olfato sí hace en la elección de pareja

Aquí la evidencia es mucho más firme. Cuando se pide a la gente que ordene la importancia de distintas señales al evaluar a una posible pareja, las mujeres sitúan el olor corporal por encima de varias características visuales y auditivas; en los varones el peso del olfato también es relevante, aunque algo menor frente a lo visual. Y no es solo declarativo: el olor corporal transmite información sobre estado de salud, dieta, higiene, estrés y uso de tabaco, todas ellas señales con consecuencias reales en la atracción.

Hay además un circuito afectivo detrás. El olor de una pareja estable funciona como señal de seguridad: reduce la reactividad al estrés y facilita el apego, en el mismo terreno donde actúan el contacto físico y los sistemas de oxitocina y vasopresina. Eso explica por qué una prenda que huele a la otra persona consuela en una separación, y por qué el olfato aparece tan ligado al recuerdo íntimo. No es compatibilidad genética: es aprendizaje asociativo y regulación emocional.

Cuando el olfato falta

El experimento natural más informativo son las personas con anosmia congénita, que nunca han olido nada. Comparadas con controles, los varones reportan un número de parejas sexuales marcadamente menor y las mujeres reportan menos seguridad dentro de la relación. Más allá de la elección inicial, la función olfativa también se asocia con la experiencia sexual y con el placer informado en población general. Si el olfato fuera un adorno, nada de esto debería aparecer.

Cómo leer todo esto sin exagerar

La síntesis razonable tiene dos niveles. Que el olor de alguien te resulte agradable o no es un dato real, con peso en la atracción y en el vínculo. Que ese agrado sea una lectura fiable de su sistema inmunitario, y por tanto una guía para decidir con quién tener hijos, no está demostrado. Entre «el olfato importa» y «el olfato detecta tus genes compatibles» hay un salto que la literatura no autoriza, y que se vende mucho —incluido en forma de test genéticos de compatibilidad de pareja, que no tienen respaldo.

Preguntas frecuentes

¿El olor de mi pareja indica compatibilidad genética?

No con la fiabilidad que sugiere el mito. Existe evidencia parcial de que el HLA influye en preferencias olfativas y en la satisfacción sexual, pero es un efecto pequeño e inconsistente entre poblaciones. Que alguien te huela bien dice mucho sobre tu historia con esa persona y poco sobre vuestros genes.

¿Los anticonceptivos hormonales cambian quién me atrae?

Es una hipótesis con origen en un subgrupo pequeño del estudio de 1995 y sin replicación sólida posterior. No hay base para decidir un método anticonceptivo por esta razón. Si el método genera molestias sexuales reales —sequedad, caída del deseo—, eso sí es motivo de consulta médica.

¿El perfume tapa la señal olfativa natural?

La modifica más que taparla. Hay datos que sugieren que la gente elige fragancias que combinan con su propio olor corporal en lugar de enmascararlo. En todo caso, el efecto del perfume sobre la atracción es inmediato y contextual, no un filtro que borre la información del cuerpo.


Para seguir por el lado del vínculo, revisa tacto y oxitocina: qué dice la evidencia, donde se detalla cómo las señales corporales regulan el apego. Y si te interesa qué ocurre en los primeros segundos de una atracción, está el cerebro del amor a primera vista.

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Referencias

  • Wedekind C, Seebeck T, Bettens F, Paepke AJ. MHC-dependent mate preferences in humans. Proceedings of the Royal Society B. 1995;260(1359):245-249.
  • Havlíček J, Roberts SC. MHC-correlated mate choice in humans: a review. Psychoneuroendocrinology. 2009;34(4):497-512.
  • Chaix R, Cao C, Donnelly P. Is mate choice in humans MHC-dependent? PLoS Genetics. 2008;4(9):e1000184.
  • Croy I, Bojanowski V, Hummel T. Men without a sense of smell exhibit a strongly reduced number of sexual relationships, women exhibit reduced partnership security. Biological Psychology. 2013;92(2):292-294.
  • Herz RS, Inzlicht M. Sex differences in response to physical and social factors involved in human mate selection. Evolution and Human Behavior. 2002;23(5):359-364.

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