Meter a un tercero en un conflicto que pertenece a dos baja la tensión del momento y la traslada a otro sitio. La investigación tiene nombre para eso, una medida validada y un tamaño de efecto: en 49 estudios con más de 23.000 personas, el conflicto entre los padres se asocia con que los hijos se sientan atrapados en medio con una correlación de 0,40.

«Triangulación» pasó en pocos años de ser un término técnico de la terapia familiar a una etiqueta de uso corriente en redes, casi siempre asociada al narcisismo y casi siempre aplicada a una persona en lugar de a una conducta. Esa migración tiene un coste: el concepto original está bien medido y tiene evidencia sólida detrás, mientras la versión divulgada afirma mucho más de lo que los datos respaldan.

Vale la pena separar las dos cosas: qué sabemos con buena evidencia, y qué se está afirmando sin ella.

En 30 segundos

  • La triangulación consiste en introducir a un tercero en una tensión que pertenece a dos: como aliado, como mensajero o como rival. El concepto proviene de la teoría de sistemas familiares de Murray Bowen.
  • Lo mejor medido es la variante familiar. Un metaanálisis de 49 estudios (23.336 personas de 15.137 familias) encuentra una asociación moderada entre el conflicto entre progenitores y que los hijos se «sientan atrapados»: r = 0,402 (IC 95 % 0,366-0,437).
  • El efecto no se diluye con la edad: fue mayor en hijos adultos jóvenes (r = 0,476) que en adolescentes (r = 0,383).
  • En la pareja adulta, la forma más estudiada es la inducción deliberada de celos, con dos grandes clases de motivo: obtener algo de la relación y vengarse de ella.
  • El narcisismo sí aparece, pero con matices: el grandioso induce celos por un motivo único —poder y control—; el vulnerable, por los cinco motivos evaluados. Dato de un solo estudio con 237 universitarios.

Qué es exactamente la triangulación

La definición operativa es sencilla: una díada en tensión incorpora a una tercera persona y, al hacerlo, estabiliza el malestar sin resolver el conflicto. Bowen lo describió en los años setenta como el triángulo, la unidad relacional estable más pequeña: dos personas solas en conflicto tienen que resolverlo o romper; tres pueden sostener la tensión indefinidamente, porque siempre hay una posición donde descargarla.

En la práctica adopta tres formas reconocibles. Reclutar un aliado: contar la versión propia a un tercero para obtener respaldo contra la pareja. Usar un mensajero: hacer que la información o el reproche lleguen por intermediario en lugar de directamente. Introducir un rival: señalar, real o insinuadamente, la existencia de una alternativa para provocar una reacción. Son conductas distintas con consecuencias distintas, y la literatura las ha estudiado de forma desigual.

Lo mejor documentado: los hijos en medio

La base de evidencia más robusta no está en la pareja, sino en las familias, y concretamente en una medida muy concreta: hasta qué punto un hijo se siente atrapado entre sus padres.

Qué encontró el metaanálisis

La síntesis más reciente reúne 49 estudios, 23.336 personas y 15.137 familias. La correlación media ponderada entre conflicto entre progenitores y sensación de estar atrapado fue r = 0,402, con intervalo de confianza del 95 % de 0,366 a 0,437, y el autor no halló indicios relevantes de sesgo de publicación. Es un efecto moderado y consistente en dirección.

Hay un matiz que conviene no saltarse: la heterogeneidad fue alta (I² = 90 %) y el intervalo de predicción al 95 % va de 0,144 a 0,609. Es decir, en un estudio nuevo el efecto podría ser pequeño o bastante grande. La tendencia es robusta; la magnitud en un caso particular, no. Los moderadores apuntan a dónde se concentra: la asociación fue mayor en muestras que mezclaban familias intactas y posdivorcio, mayor en hijos adultos jóvenes que en adolescentes, y mayor cuando el conflicto lo reportaba el propio hijo en lugar de los padres u observadores externos.

Con qué se asocia

Fosco y colaboradores estudiaron la triangulación en relación con el vínculo entre padres y adolescentes, y encontraron asociaciones con la competencia en las relaciones de noviazgo y con el abuso en el noviazgo. Es un hallazgo relevante, pero exige la cautela habitual: se trata de asociaciones, no de causalidad demostrada, y el metaanálisis tampoco midió desenlaces de salud mental de forma directa, solo la sensación de estar atrapado.

La triangulación en la pareja adulta

Aquí la evidencia es mucho más fina, y la mayor parte se ha estudiado bajo otro nombre: inducción de celos.

Un trabajo clásico de Fleischmann y colaboradores identificó dos clases de meta detrás de provocar celos deliberadamente —obtener recompensas relacionales y tomar una forma de revancha— y tres tácticas: distanciamiento, fachada de coqueteo y exhibición de alternativas. Las respuestas de la pareja se agruparon en agresión, retirada y compensación relacional, y no se comportaron como una sola variable: la misma táctica produce reacciones muy distintas según la persona. El modelo recibió apoyo parcial, lo que importa señalar.

El detalle con mayor relevancia clínica es que a veces la táctica funciona a corto plazo. Si la respuesta de la pareja es compensación —más atención, más demostraciones de interés—, la conducta queda reforzada, y lo que empezó como un episodio aislado se instala como patrón. Eso explica por qué estas dinámicas se repiten incluso cuando quien las usa reconoce que generan daño.

¿Y el narcisismo?

Hay un estudio que lo aborda directamente. Tortoriello y colaboradores evaluaron a 237 universitarios y encontraron que tanto el narcisismo grandioso como el vulnerable se asociaban a mayor propensión a provocar celos en la pareja, pero por vías distintas. En el grandioso la asociación discurría por un único motivo, poder y control, y era independiente de la venganza, de poner a prueba la relación o de buscar seguridad. En el vulnerable aparecían los cinco motivos medidos, incluida la compensación de una autoestima baja. El maquiavelismo y la autoestima explicaban parte del efecto.

Es un resultado interesante y coherente con la teoría, pero conviene leerlo por lo que es: un estudio transversal, con autoinformes, en una muestra de estudiantes de unos 18 años. No permite afirmar causalidad ni extrapolar a población clínica.

Lo que la evidencia no respalda

Tres afirmaciones circulan como si estuvieran demostradas y no lo están. Primera: que la triangulación sea un diagnóstico. No lo es; es una conducta relacional descrita, no una categoría de ningún manual. Segunda: que triangular implique narcisismo patológico. Los datos muestran una asociación con rasgos narcisistas en población general, no que la conducta identifique un trastorno. Y tercera: que valga como etiqueta de persona. La utilidad del concepto está en describir un patrón de interacción que puede cambiar, no en clasificar a alguien de forma permanente.

Qué hacer con esto

La intervención que se deriva de la teoría y es compatible con los datos es devolver el conflicto a la díada: tratar el asunto con quien lo tiene, no con un intermediario. Cuando hay hijos implicados, la implicación práctica es más concreta todavía, porque lo que mide el metaanálisis es exactamente eso: no pedirles alianza, no pedirles información sobre el otro progenitor y no hacerles de correo. Y si el patrón se repite pese a reconocerlo, la terapia de pareja o familiar es el recurso indicado; la constancia con que estas dinámicas se autorrefuerzan es precisamente lo que hace difícil desmontarlas sin ayuda externa.

Preguntas frecuentes

¿Hablar de mi relación con una amiga es triangular?

No por sí mismo. Buscar apoyo o perspectiva externa es distinto de reclutar a un tercero como aliado contra la pareja o usarlo como vía de comunicación. La diferencia está en si el conflicto vuelve a la díada para resolverse o se queda estacionado en el triángulo.

¿Triangular significa que la otra persona es narcisista?

No. Existe asociación entre rasgos narcisistas e inducción de celos en población general, pero la conducta es frecuente y tiene muchos motivos posibles, incluida la inseguridad. Una conducta no establece un diagnóstico.

¿Se puede salir de un triángulo sin romper la relación?

La vía descrita es dejar de ocupar la posición de tercero o de dejar de colocar a otros en ella, y abordar el desacuerdo de forma directa. Que funcione depende de que ambas partes acepten sostener esa conversación, lo que a menudo requiere acompañamiento profesional.


La triangulación suele venir acompañada de otras tácticas que también se han medido: las repasamos en manipulación emocional en la pareja, y en Love bombing: qué dice la evidencia analizamos otro término que pasó de la clínica a las redes perdiendo precisión en el camino.

Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.

Referencias

  • Schrodt P. Interparental conflict and parent-child triangulation: a meta-analytical review of children feeling caught between parents. Human Communication Research. 2026;52(2):77-89. doi:10.1093/hcr/hqaf018
  • Fosco GM, Xia M, Lynn MG, Grych JH. Triangulation and Parent-Adolescent Relationships: Implications for Adolescent Dating Competence and Abuse. Journal of Research on Adolescence. 2016;26(4):1179-1202. doi:10.1111/jora.12210
  • Tortoriello GK, Hart W, Richardson K, Tullett AM. Do narcissists try to make romantic partners jealous on purpose? An examination of motives for deliberate jealousy-induction among subtypes of narcissism. Personality and Individual Differences. 2017;114:10-15. doi:10.1016/j.paid.2017.03.052
  • Fleischmann AA, Spitzberg BH, Andersen PA, Roesch SC. Tickling the monster: Jealousy induction in relationships. Journal of Social and Personal Relationships. 2005;22(1):49-73. doi:10.1177/0265407505049321
  • Bowen M. Family Therapy in Clinical Practice. Nueva York: Jason Aronson; 1978.

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