El mapa de «puntos» con letra propia crece mucho más rápido que la evidencia que lo sostiene. El llamado punto A nació en un solo artículo de 1997 que nadie ha replicado, y a día de hoy no existe ni un estudio anatómico dedicado a él. La sensibilidad de la pared vaginal anterior es real y frecuente; el botón con nombre y coordenadas, no.
Primero fue el punto G. Después llegaron el punto A, el U, el C. Cada letra viene con una promesa parecida: existe un lugar concreto, pequeño y localizable que, bien estimulado, produce una respuesta sexual distinta y superior. Y el patrón se repite siempre igual: la promesa circula durante décadas en divulgación y clínicas privadas, mientras la literatura anatómica revisada por pares guarda silencio.
El punto A es el caso más extremo de ese desequilibrio. No es que la evidencia sea débil o contradictoria: es que no hay evidencia independiente. Conviene explicar por qué, porque el razonamiento sirve para el próximo «punto» que aparezca.
En 30 segundos
- El «punto A» (zona erógena del fórnix anterior, AFE por sus siglas en inglés) procede de un único artículo publicado en 1997 por un terapeuta sexual malasio en Sexual and Marital Therapy.
- Ese artículo describe un hallazgo casual durante una exploración, sin muestra declarada, sin protocolo reproducible y sin grupo de comparación. Casi tres décadas después no existe réplica independiente.
- No hay ningún estudio anatómico dedicado al fórnix anterior como zona erógena discreta. Lo que sí se ha estudiado —la pared vaginal anterior y el supuesto punto G— no muestra una estructura identificable: en 13 cadáveres no se halló nada equivalente (Hoag, 2017).
- En tejido vivo tampoco: en 15 mujeres estudiadas con resonancia de 3 teslas, el foco sospechoso apareció en 3 (20 %) y las biopsias no mostraron densidad neurovascular significativa.
- Lo que sí está bien documentado es la experiencia subjetiva: en seis encuestas con 5.072 participantes, el 62,9 % refirió tener una zona vaginal más sensible, y la mayoría la situó en la pared anterior.
Qué se afirma exactamente cuando se habla del «punto A»
La afirmación concreta es anatómica, y por eso es comprobable. Se postula una zona erógena situada en el fórnix anterior de la vagina —el fondo de saco que queda por delante del cuello uterino—, distinta del punto G y más profunda que él, cuya estimulación produciría lubricación rápida y una respuesta orgásmica de alta intensidad en una proporción elevada de mujeres.
Esa formulación hace tres promesas falsables: que existe una zona delimitada, que tiene base estructural (nervios, tejido eréctil, glándulas) y que produce un efecto reproducible. Ninguna ha sido puesta a prueba de forma independiente.
El origen: un artículo, ninguna réplica
La fuente primaria es un artículo de 1997 firmado por Chua Chee Ann en Sexual and Marital Therapy, donde se propone una técnica de estimulación de la «zona AFE» para tratar la disfunción de lubricación y orgásmica. El propio texto describe el origen del hallazgo como casual, surgido durante una exploración clínica, y comunicado después en congresos regionales. No declara tamaño de muestra, no describe un procedimiento que otro clínico pueda repetir en condiciones comparables, no incluye comparador ni evaluación ciega, y no aporta sustrato anatómico.
Un hallazgo así no es falso por definición: es una hipótesis. El problema es el tiempo transcurrido. Cuando una propuesta clínica llamativa lleva casi treinta años sin que ningún grupo independiente la confirme —ni en anatomía, ni en imagen, ni en ensayos—, la explicación más económica deja de ser «todavía no la han estudiado».
Qué muestran la anatomía y la imagen
Para el fórnix anterior en concreto, la respuesta es corta: no hay estudios. Lo mejor que puede hacerse es mirar la literatura sobre su vecino inmediato, la pared vaginal anterior, que sí ha sido investigada a fondo por la controversia del punto G. El resultado es instructivo.
Disección
La disección no encuentra la estructura. Hoag, Keast y O’Connell examinaron 13 cadáveres femeninos y no identificaron ninguna entidad anatómica discreta que correspondiera al punto G. Por debajo del revestimiento vaginal lo que hay es uretra, y no apareció tejido eréctil o esponjoso en la pared anterior salvo en la zona distal donde la uretra se relaciona con el clítoris.
Resonancia y biopsia en vivo
En tejido vivo el resultado va en la misma dirección. Un estudio prospectivo con resonancia de 3 teslas en 15 mujeres buscó un foco hiperintenso en la localización candidata y luego biopsió esa proyección exacta durante la cirugía. El foco apareció en 3 de 15 casos (20 %), y el análisis histológico con marcadores neurales y vasculares no halló una densidad neurovascular significativa. Los autores concluyeron que no existe un punto G en la pared vaginal anterior, señalando al mismo tiempo que hacen falta más series.
La revisión sistemática
La síntesis más completa, publicada en Sexual Medicine en 2021, es categórica en su conclusión: no hay acuerdo sobre la existencia del punto G, ni sobre su localización, su tamaño o su naturaleza, y la calidad global de la evidencia es baja a muy baja. El mayor estudio histológico (175 mujeres) describió hallazgos compatibles en el 47,4 % de los casos, una cifra que no se ha reproducido; los estudios de inervación se contradicen entre sí, unos describiendo mayor densidad nerviosa en una zona concreta y otros una distribución homogénea por toda la pared anterior. Esa misma revisión cataloga el punto A entre los «puntos» propuestos, sin evidencia propia que discutir.
La sensibilidad es real; el «punto» es el problema
Aquí está la distinción que el mito borra. Que no exista un botón anatómico no significa que las mujeres se equivoquen al describir zonas de distinta sensibilidad. En seis encuestas reunidas por la revisión de 2021, con 5.072 participantes en total, el 62,9 % refirió tener un área vaginal más sensible; en una de ellas, con 1.245 mujeres, el 65,9 % lo afirmó y el 55,1 % la situó en la pared anterior. El fenómeno subjetivo está sólidamente documentado.
La explicación más parsimoniosa no necesita puntos nuevos. La pared vaginal anterior es la cara superficial de un conjunto de estructuras muy inervadas: la porción interna del clítoris con sus bulbos y raíces, la uretra y el tejido periuretral. Estimular la pared anterior es, en la práctica, estimular ese complejo desde dentro, con una geometría que varía de una persona a otra. Eso predice exactamente lo que se observa —zonas de sensibilidad diferencial, variables y difíciles de cartografiar— sin postular ninguna entidad nueva.
Por qué el mito tiene coste clínico
Un mito anatómico no es inocuo cuando genera expectativas de rendimiento. En consulta aparece en tres formas: personas convencidas de que su cuerpo es defectuoso porque no localizan un punto que no existe; parejas que convierten la búsqueda en una tarea de evaluación, con el consiguiente efecto sobre la ansiedad y la respuesta sexual; y un mercado de procedimientos de «amplificación» o inyección en zonas supuestamente erógenas, que se venden sobre una base anatómica que la literatura no respalda.
Lo razonable es lo contrario del mito: dejar de buscar coordenadas y atender a lo evaluable. El dolor con la penetración profunda, la sequedad persistente, la pérdida de deseo o la dificultad nueva para el orgasmo son motivos de valoración médica, con causas identificables y tratamientos con evidencia. Ninguno se resuelve con un mapa.
Cómo leer el próximo «punto» que se anuncie
Tres preguntas bastan: ¿cuántos grupos independientes lo han descrito, o todo remite a una fuente única?; ¿hay sustrato demostrado en disección, histología o imagen, o solo autoinforme?; ¿alguien gana dinero con el procedimiento asociado? Aplicadas al punto A: una sola fuente, ningún sustrato y sí.
Preguntas frecuentes
¿Entonces el punto A no existe?
No existe evidencia de que sea una estructura anatómica identificable, y no hay un solo estudio independiente que haya intentado confirmarlo desde 1997. Lo que sí existe es sensibilidad variable en la pared vaginal anterior, que se explica por las estructuras ya conocidas.
¿Le pasa lo mismo al punto G?
En parte. El punto G sí ha sido estudiado en profundidad, y ese es el dato relevante: tras décadas de disecciones, histología e imagen, la revisión sistemática de 2021 concluye que su existencia sigue sin demostrarse y que la evidencia disponible es de calidad baja a muy baja.
¿Debo preocuparme si no identifico ninguna zona especial?
No. Alrededor de un tercio de las participantes en las encuestas tampoco refiere ninguna. La ausencia de una zona distintiva no indica disfunción. Sí conviene consultar si hay dolor, sequedad persistente, cambios en el deseo o dificultad nueva para el orgasmo.
Si te interesa el patrón —afirmaciones anatómicas que circulan más rápido que su evidencia—, lo revisamos también en Mito de la eyaculación femenina: qué dice la evidencia, y en la brecha del orgasmo explicamos por qué las diferencias en respuesta orgásmica tienen explicaciones mejor documentadas que la anatomía secreta.
Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.
Referencias
- Chua Chee Ann. A proposal for a radical new sex therapy technique for the management of vasocongestive and orgasmic dysfunction in women: the AFE zone stimulation technique. Sexual and Marital Therapy. 1997;12(4):357-370. doi:10.1080/02674659708408179
- Vieira-Baptista P, Lima-Silva J, Preti M, Xavier J, Vendeira P, Stockdale CK. G-spot: Fact or Fiction?: A Systematic Review. Sexual Medicine. 2021;9(5):100435. doi:10.1016/j.esxm.2021.100435
- Hoag N, Keast JR, O’Connell HE. The «G-Spot» Is Not a Structure Evident on Macroscopic Anatomic Dissection of the Vaginal Wall. The Journal of Sexual Medicine. 2017;14(12):1524-1532. doi:10.1016/j.jsxm.2017.10.071
- Sivaslıoğlu AA, Köseoğlu S, Dinç Elibol F, Dere Y, Keçe AC, Çalışkan E. Searching for radiologic and histologic evidence on live vaginal tissue: Does the G-spot exist? Turkish Journal of Obstetrics and Gynecology. 2021;18(1):1-6. doi:10.4274/tjod.galenos.2021.31697

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