El relato dice que los jóvenes tienen más sexo, más temprano y con más gente que ninguna generación anterior. Las encuestas poblacionales dicen casi lo contrario, y el problema real está en otro sitio.
Pocas áreas de la salud sexual acumulan tanta intuición y tan pocos datos leídos como la sexualidad en jóvenes. El pánico habitual —hipersexualización, inicio cada vez más precoz, promiscuidad desbordada— circula sin apoyo empírico, mientras que los cambios que sí documentan las encuestas apenas se comentan.
Cuando se miran las series poblacionales de los últimos treinta años, el patrón es bastante estable entre países de renta alta: menos actividad sexual en pareja, más personas jóvenes que declaran no haber tenido relaciones en el último año y una edad de inicio que no se ha adelantado. Lo preocupante no es la cantidad de sexo, sino la protección y la información con que ocurre.
En 30 segundos
- La frecuencia de sexo en pareja entre adultos jóvenes ha bajado respecto a cohortes previas en los países con series comparables.
- La inactividad sexual declarada ha aumentado, de forma más marcada en varones jóvenes.
- La edad de inicio no se ha adelantado: en EE. UU. la proporción de estudiantes de secundaria que declara haber tenido relaciones cayó de más de la mitad en los años noventa a alrededor de un tercio.
- El grupo de 15 a 24 años concentra cerca de la mitad de las nuevas ITS, pese a ser una minoría de la población sexualmente activa.
- La educación sexual integral no adelanta el inicio: se asocia a inicio más tardío y a mayor uso de preservativo.
El dato que rompe el relato: menos sexo, no más
Las series de población general muestran un descenso sostenido de la frecuencia sexual, y es mayor precisamente en los más jóvenes. El análisis de Twenge y colaboradores sobre encuestas estadounidenses entre 1989 y 2014 documentó una caída de la frecuencia sexual en adultos, con un efecto de cohorte: las generaciones más recientes declaran menos actividad a la misma edad que las anteriores.
El trabajo de Ueda y colaboradores, publicado en JAMA Network Open, lo precisó para el grupo de 18 a 44 años entre 2000 y 2018: aumentó la proporción de personas que declaraban ninguna actividad sexual en el año previo, con el incremento más claro entre varones jóvenes. No es un fenómeno exclusivamente estadounidense; encuestas nacionales de otros países de renta alta apuntan en la misma dirección.
Por qué está pasando (y qué no sabemos)
Aquí conviene ser honesto: las explicaciones son hipótesis plausibles, no causas demostradas. Las más manejadas en la literatura son el emparejamiento más tardío y los periodos más largos sin pareja estable —y la frecuencia sexual es sistemáticamente mayor en quienes conviven—, el retraso en la independencia económica y residencial, el desplazamiento del ocio presencial hacia el digital y los cambios en la carga de trabajo y horarios.
Lo que no está establecido es cuánto aporta cada factor ni si el efecto neto es negativo para la salud. Una parte del descenso refleja simplemente menos relaciones de pareja a edades tempranas, algo que no es una patología. La lectura alarmista que convierte cualquier cambio de frecuencia en «crisis» no está respaldada por los datos.
La edad de inicio no se adelantó
Es el mito más resistente y el más fácil de contrastar. Las encuestas escolares seriadas de los CDC muestran que la proporción de estudiantes de secundaria que declara haber tenido relaciones sexuales alguna vez pasó de más de la mitad a comienzos de los años noventa a en torno a un tercio en las oleadas recientes. También descendió la proporción con inicio antes de los 13 años y la que declara cuatro o más parejas.
En Europa, los datos del estudio HBSC de la OMS en adolescentes escolarizados muestran un panorama estable en inicio, pero con una señal inquietante en protección. Es decir: no empiezan antes; en algunos países se protegen peor.
Lo que sí es un problema: preservativo e ITS
El uso de preservativo ha caído en varias series de adolescentes y adultos jóvenes, y coincide con un desplazamiento hacia métodos anticonceptivos más eficaces frente al embarazo —anticoncepción hormonal y sobre todo métodos reversibles de larga duración— que no protegen frente a infecciones. Es un intercambio silencioso: mejor prevención del embarazo, peor prevención de ITS.
El resultado epidemiológico es conocido: el grupo de 15 a 24 años concentra alrededor de la mitad de las nuevas infecciones de transmisión sexual pese a representar una fracción mucho menor de la población sexualmente activa. La combinación que funciona no es elegir entre métodos, sino sumarlos: anticoncepción eficaz para el embarazo, preservativo para las infecciones, vacunación frente a VPH y hepatitis B, y cribado periódico según prácticas y número de parejas. Qué método y con qué pauta corresponde decidirlo en una consulta, no en un artículo.
De dónde sacan la información
Cuando la educación formal falta, el vacío lo llena el material de consumo online, que no está diseñado para enseñar y transmite expectativas poco realistas sobre respuesta sexual, cuerpos y negociación del consentimiento. La alternativa tiene evidencia: la revisión de UNESCO sobre educación integral en sexualidad concluye que los programas bien implementados se asocian a retraso del inicio, menor número de parejas y mayor uso de preservativo y anticoncepción. El temor de que «hablar de sexo adelante el inicio» no se sostiene en los datos disponibles.
Qué predice satisfacción a esta edad
No la frecuencia ni el número de parejas. En los estudios de satisfacción sexual, las variables que más pesan son la calidad de la comunicación, la capacidad de expresar preferencias, la ausencia de presión y la seguridad en el vínculo. Es el mismo patrón que se observa décadas después: a lo largo del envejecimiento la frecuencia baja de forma previsible, pero la satisfacción se mantiene sorprendentemente estable cuando esas condiciones se conservan. Visto así, el curso vital tiene más continuidad que ruptura: cambia la cantidad, no lo que la hace buena.
Preguntas frecuentes
¿Los jóvenes de hoy tienen más parejas que sus padres?
Las encuestas no lo respaldan. En las series comparables, el número de parejas declaradas se ha mantenido estable o ha descendido, y aumentó la proporción de jóvenes sin actividad sexual en el último año.
¿Hablar de sexualidad en el colegio adelanta el inicio?
No, según la evidencia disponible. Los programas de educación integral en sexualidad se asocian a inicio más tardío y mayor uso de protección, no a lo contrario.
¿Tener menos sexo a los veinte es un problema de salud?
Por sí solo, no. La frecuencia no es un indicador de salud sexual. Sí merece consulta si hay dolor, malestar persistente, evitación por ansiedad o un cambio brusco que no se explica por las circunstancias.
Para profundizar, en el blog revisamos qué recomienda la evidencia en salud sexual de los 15 a los 24 años y, en el otro extremo del curso vital, qué vigilar en la menopausia precoz.
Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.
Referencias
- Ueda P, Mercer CH, Ghaznavi C, Herbenick D. Trends in frequency of sexual activity and number of sexual partners among adults aged 18 to 44 years in the US, 2000-2018. JAMA Network Open. 2020;3(6):e203833.
- Twenge JM, Sherman RA, Wells BE. Declines in sexual frequency among American adults, 1989-2014. Archives of Sexual Behavior. 2017;46(8):2389-2401.
- UNESCO. International Technical Guidance on Sexuality Education: an evidence-informed approach. 2.ª ed. revisada. París: UNESCO; 2018.
- Centers for Disease Control and Prevention. Youth Risk Behavior Survey: Data Summary & Trends Report. Atlanta: CDC.
- Organización Mundial de la Salud / estudio HBSC. Health Behaviour in School-aged Children: informes sobre salud sexual en adolescentes. Copenhague: OMS Europa.

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