Habrás visto de todo: que es infiel el 20 %, el 50 %, el 70 %. No es que los estudios se contradigan por capricho. Es que medir la infidelidad es endiabladamente difícil, y la cifra que te dan depende casi siempre de cómo la midieron.
La infidelidad es uno de esos temas donde el titular casi siempre exagera. Antes de creer cualquier porcentaje, conviene hacer tres preguntas: ¿a quién le preguntaron?, ¿qué contaron como «ser infiel»? y ¿por qué la gente diría la verdad sobre algo que oculta hasta de sí misma? Respondiendo eso se entiende por qué las cifras bailan tanto, y cuáles vale la pena creer.
En 30 segundos
- En los datos representativos, alrededor del 20 % de los hombres casados y el 13 % de las mujeres casadas reconocen haber tenido sexo con alguien fuera del matrimonio (a lo largo de la vida).
- El «50-70 %» de los titulares suele venir de encuestas no representativas (online, de terapia, patrocinadas por webs de citas) o de definiciones ampliadas.
- Cuando se incluye la infidelidad emocional u online, las cifras suben bastante: la definición manda.
- Todo esto es autorreporte: la gente subdeclara lo que oculta, así que las cifras reales probablemente sean un piso, no un techo.
El problema no es la infidelidad: es medirla
Tres cosas hacen que dos estudios «serios» den números completamente distintos:
- La definición. ¿Cuenta solo el sexo? ¿Un beso? ¿Un chat subido de tono? ¿Enamorarse sin tocarse? Cada estudio traza la línea en un lugar distinto, y eso mueve la cifra varias decenas de puntos.
- La muestra. No es lo mismo una encuesta nacional aleatoria que un sondeo online voluntario, una clientela de terapia de pareja o una encuesta pagada por una web de aventuras. Estas últimas atraen justo a quien tiene algo que contar.
- El periodo. «¿Alguna vez en la vida?» siempre dará mucho más que «¿en el último año?». Mezclar ambos genera titulares tramposos.
Qué dicen los datos que sí son representativos
La mejor fuente para Estados Unidos es la General Social Survey (GSS), una encuesta nacional que el NORC de la Universidad de Chicago realiza desde hace décadas con muestreo probabilístico. Su hallazgo, notablemente estable en el tiempo: alrededor del 20 % de los hombres y el 13 % de las mujeres alguna vez casados reconocen haber tenido relaciones fuera del matrimonio. Otros análisis afinan el rango a un 20-25 % en hombres y 13-15 % en mujeres.
Dos matices interesantes que aparecen al mirar de cerca (Wang, Institute for Family Studies): la brecha entre hombres y mujeres se ha ido estrechando con las generaciones, y en el grupo más joven (18-29 años) las mujeres reportan tasas ligeramente mayores que los hombres. La foto clásica de «ellos más que ellas» es cada vez menos nítida.
Conclusión intermedia: la idea de que «la mitad de los matrimonios» atraviesa una infidelidad física está sobredimensionada. Es un fenómeno frecuente, sí, pero no la norma que sugieren los titulares.
Entonces, ¿de dónde sale el «70 %»?
De dos sitios, básicamente. Primero, de muestras sesgadas: sondeos de internet, poblaciones en terapia o encuestas de plataformas de citas, que no representan a la población general y tienden a inflar. Segundo, de ampliar la definición: cuando se cuentan también la infidelidad emocional, el sexting y los coqueteos online, las cifras trepan a rangos del orden del 35-45 % en hombres y algo menos en mujeres. No es que haya más infidelidad; es que se está midiendo otra cosa.
Un apunte que suele omitirse: las relaciones de noviazgo no casadas muestran tasas más altas que los matrimonios. Meter todo en el mismo saco de «parejas» es otra fuente de confusión.
El sesgo que lo tuerce todo: la deseabilidad social
Aquí está la clave epidemiológica del asunto. La infidelidad se mide preguntando, y la gente tiende a no admitir lo que la deja mal parada. Ese sesgo de deseabilidad social empuja las cifras hacia abajo. Se nota en el método: cuando la encuesta garantiza más anonimato (por ejemplo, autoadministrada en computadora en vez de cara a cara con un entrevistador), la gente admite más. Es decir, cuanto más segura se siente la persona de que nadie la juzga, más se acerca la cifra a la realidad.
La lección práctica: los porcentajes representativos son casi con certeza un piso. La infidelidad real es al menos tan alta como lo que la gente confiesa.
Un dato que rompe el molde
Solemos suponer que solo son infieles quienes están en matrimonios infelices. Los datos complican esa historia: una parte importante de quienes reportan haber sido infieles califican su relación como «feliz» o «muy feliz». La infidelidad no siempre es un síntoma de un matrimonio roto; a veces tiene que ver con la oportunidad, con rasgos de personalidad o con factores que poco tienen que ver con cuánto se quiere a la pareja. De los predictores reales que sí identifica la ciencia hablaremos en una próxima entrada.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el porcentaje real de infidelidad?
No hay un número único. En datos representativos ronda el 20 % de los hombres y el 13 % de las mujeres casadas a lo largo de la vida; sube si se amplía la definición a lo emocional u online. Desconfía de cualquier cifra presentada como «el» porcentaje sin decir cómo se midió.
¿Los hombres son más infieles que las mujeres?
En promedio reportan tasas algo mayores, pero la brecha se está cerrando y en los más jóvenes prácticamente desaparece o se invierte.
¿La infidelidad emocional cuenta como infidelidad?
Depende de a quién le preguntes y de qué acuerdo tenga la pareja. Al incluirla, las cifras suben mucho, lo que muestra que gran parte del debate es en realidad sobre definiciones.
Si te interesa cómo la ciencia mide lo que creíamos imposible de medir, mira también ¿Qué fantasías sexuales son normales?.
Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.
Referencias
- General Social Survey (GSS), NORC — Universidad de Chicago. Datos sobre relaciones extramaritales.
- Wang W. Who Cheats More? The Demographics of Infidelity in America. Institute for Family Studies, 2018.
- Atkins DC, Baucom DH, Jacobson NS. Understanding infidelity: correlates in a national random sample. Journal of Family Psychology, 2001.

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