Las ladillas son el diagnóstico que casi nadie quiere pronunciar y que, visto de cerca, es uno de los más banales de la consulta de salud sexual: molesto, visible y tratable. Lo importante no es el parásito, sino lo que viene con él: en torno a un tercio de los casos tiene otra infección de transmisión sexual al mismo tiempo.

«Ladillas» es el nombre popular de la pediculosis pubis, la infestación por Pthirus pubis, un piojo distinto del piojo de la cabeza y del piojo del cuerpo. No transmite enfermedades, no salta, no vuela y no sobrevive mucho tiempo lejos de la piel. Pero genera un picor considerable, una cantidad notable de vergüenza y, sobre todo, una oportunidad clínica que conviene no desperdiciar.

Esto es lo que la evidencia y las guías actuales dicen sobre cómo se contagian, cómo se reconocen, cómo se tratan y qué hay que descartar siempre después.

En 30 segundos

  • Las ladillas se transmiten sobre todo por contacto sexual o corporal estrecho; por ropa, toallas o sábanas es posible pero poco frecuente, y por asientos de inodoro es muy raro.
  • El síntoma principal es el picor genital, con liendres visibles y, en algunos casos, máculas azuladas de menos de 1 cm (maculae ceruleae). El período de incubación suele ser menor de una semana.
  • Se recomienda con fuerza el cribado de otras ITS, incluido el VIH: hay coinfección en aproximadamente el 30 % de los casos.
  • El tratamiento de primera línea es tópico (permetrina al 1 % o piretrinas con butóxido de piperonilo); existen alternativas como malatión tópico e ivermectina oral. Hay resistencias descritas.
  • Las parejas sexuales de los últimos 3 meses deben ser evaluadas y tratadas. Las ladillas no transmiten el VIH ni otras enfermedades, y los animales no las contagian.

Qué son exactamente las ladillas

Son un parásito propio, no una versión del piojo de la cabeza. Pthirus pubis es un insecto hematófago adaptado al pelo grueso y espaciado de la zona genital, y por eso también puede aparecer en vello axilar, tórax, espalda, barba, bigote, cejas y pestañas. El adulto no sobrevive más de 24 horas sin alimentarse de sangre, lo que explica por qué el contagio a través de objetos es la excepción y no la regla.

Un dato epidemiológico interesante: la guía europea señala que la incidencia de pediculosis pubis viene disminuyendo, y lo atribuye al aumento de la depilación del vello púbico. Al parásito le hace falta el hábitat. Eso no convierte la depilación en un tratamiento —no lo es—, pero sí ayuda a entender por qué hoy se ven menos casos que hace tres décadas. Al mismo tiempo, las cifras reales son inciertas: no es una infección de notificación obligatoria, así que casi todo lo que se publica son estimaciones de consultas especializadas.

Cómo se contagian (y cómo no)

La vía principal es el contacto íntimo piel con piel, habitualmente sexual. El preservativo no protege de las ladillas, porque la transmisión ocurre por contacto del vello y la piel circundante, no por fluidos.

La transmisión por fómites —ropa, toallas, sábanas compartidas— es posible pero poco frecuente, y la de asientos de inodoro es, según los CDC, «muy rara»: el parásito necesita aferrarse al vello y alimentarse, y no sobrevive mucho en superficies lisas. Los animales no contraen ni transmiten ladillas, así que culpar a la mascota no es una hipótesis válida.

Síntomas y diagnóstico

El síntoma dominante es el prurito genital, que suele aparecer en menos de una semana desde la exposición, aunque en algunos casos tarda más. El diagnóstico es clínico y se basa en ver el parásito o sus huevos:

  • Liendres adheridas a la base del vello, y piojos adultos, más difíciles de ver.
  • Maculae ceruleae: máculas de color azul grisáceo de menos de 1 cm, clásicas de esta infestación, junto con pápulas rojas y costras por el rascado.
  • Material fecal de color herrumbre y manchas de sangre en la ropa interior: un signo indirecto que mucha gente nota antes que al parásito.

Cuando la inspección a simple vista deja dudas, la dermatoscopia confirma el diagnóstico al permitir distinguir liendres viables de restos vacíos. Esto importa en la práctica: encontrar liendres después del tratamiento no equivale a fracaso terapéutico si están vacías.

El principal diagnóstico diferencial es la escabiosis (sarna), que también cursa con prurito intenso y se transmite por contacto estrecho, pero con una distribución y unas lesiones distintas, y un tratamiento que no es el mismo. Por eso el autodiagnóstico a partir de «me pica» es poco fiable.

Lo más importante: una ladilla obliga a buscar más

Aquí está el mensaje clínico que justifica todo el artículo. La guía europea recomienda de forma expresa el cribado de otras ITS, incluido el VIH, en toda persona con pediculosis pubis, porque la coinfección aparece en alrededor del 30 % de los casos.

La lógica es epidemiológica, no moral: las ladillas se transmiten por el mismo tipo de contacto que la clamidia, la gonorrea, la sífilis o el VIH, de modo que su presencia es un marcador de exposición. El parásito en sí es inofensivo —no transmite el VIH ni ninguna otra enfermedad; lo peor que puede causar por sí mismo son heridas e infección bacteriana por rascado—, pero funciona como una señal de que conviene hacer un chequeo completo. Tratar el picor y no pedir el panel es, con diferencia, el error más frecuente.

Tratamiento: qué hay y qué esperar

El tratamiento es tópico y de aplicación corta. Las guías de los CDC (2021) y la europea coinciden en la primera línea: permetrina al 1 % en crema de enjuague o piretrinas con butóxido de piperonilo, ambas de venta libre en muchos países. Como alternativas figuran el malatión tópico y la ivermectina oral, esta última con prescripción.

Tres advertencias que cambian el resultado:

  • Casi siempre hace falta una segunda aplicación días después de la primera, para cubrir los huevos que eclosionan. El intervalo exacto y la pauta los define quien prescribe; aquí no se dan dosis.
  • Hay resistencias descritas tanto a pediculicidas tópicos como sistémicos. Si el picor y los parásitos vivos persisten tras un tratamiento bien hecho, lo indicado es volver a consulta para cambiar de clase de fármaco, no repetir el mismo producto indefinidamente.
  • Las pestañas y los párpados no se tratan en casa. La infestación palpebral (phthiriasis palpebrarum) requiere manejo específico; los pediculicidas genitales no deben aplicarse cerca de los ojos.

El picor puede persistir algunos días después de un tratamiento eficaz, por la reacción inflamatoria que ya estaba en marcha. Picor residual no es sinónimo de infestación activa. En embarazo, lactancia y niños, la elección del producto cambia: es una decisión médica, no de mostrador.

Ropa, cama y parejas

La descontaminación es sencilla y no requiere fumigar la casa. Las guías recomiendan lavar a máquina a 50 °C o más (los CDC hablan de agua caliente, al menos 130 °F, y secado a temperatura alta), limpieza en seco, o bien sellar en bolsa de plástico lo que no pueda lavarse —la guía europea indica 3 días; los CDC son más conservadores y hablan de dos semanas—. No hacen falta insecticidas ambientales.

En cuanto a las parejas, el período de búsqueda recomendado es de 3 meses hacia atrás, y se aconseja tratamiento epidemiológico, es decir, tratar a los contactos aunque no tengan síntomas. Conviene evitar el contacto sexual estrecho hasta que ambos hayan completado el tratamiento.

Un punto que no es menor: encontrar ladillas en la cabeza o las pestañas de un niño puede indicar exposición o abuso sexual, y obliga a una evaluación profesional del caso. No es un hallazgo para resolver en casa.

Preguntas frecuentes

¿Rasurarme el vello cura las ladillas?

No es un tratamiento reconocido por las guías. Los parásitos pueden persistir en otras zonas con vello —axilas, tórax, barba, cejas— y el rasurado de una piel ya irritada aumenta el riesgo de heridas e infección. El tratamiento es farmacológico tópico; el aumento de la depilación explica la caída de la incidencia a nivel poblacional, no la curación individual.

¿Se pueden contagiar en un baño público?

Es muy raro. Los CDC lo describen como una vía posible pero excepcional, porque el parásito necesita aferrarse al vello y alimentarse de sangre, y no sobrevive más de 24 horas sin hacerlo. La inmensa mayoría de los casos se explica por contacto corporal estrecho.

Si tengo ladillas, ¿necesito hacerme pruebas de otras ITS?

Sí. Es la recomendación expresa de la guía europea, con cribado que incluye el VIH, porque aproximadamente un 30 % de los casos tiene una coinfección. El parásito no transmite esas infecciones, pero señala el mismo tipo de exposición.


Para completar el chequeo: qué buscar y con qué frecuencia en ITS más comunes: síntomas, cribado y prevención, y qué vigilar por cuenta propia en Autoexploración genital y chequeos: qué vigilar en salud sexual.

Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.

Referencias

  • Salavastru CM, Chosidow O, Janier M, Tiplica GS. European guideline for the management of pediculosis pubis. J Eur Acad Dermatol Venereol. 2017. PMID: 28714128
  • Centers for Disease Control and Prevention. Sexually Transmitted Infections Treatment Guidelines, 2021: Ectoparasitic Infections — Pediculosis pubis.
  • Centers for Disease Control and Prevention. About Pubic «Crab» Lice. CDC, Lice.
  • Gunning K, Kiraly B, Pippitt K. Lice and Scabies: Treatment Update. Am Fam Physician. 2019;99(10):635–642.

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Soy médico internista, epidemiólogo clínico y bioestadista. Este espacio nace para hablar de sexualidad humana con rigor científico, claridad y sin prejuicios.

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