Es la infección de transmisión sexual curable más frecuente del planeta, casi nunca aparece en los paneles de ITS que se piden de rutina y alrededor de siete de cada diez personas que la tienen no notan absolutamente nada. La tricomoniasis es el punto ciego de la salud sexual.
Cuando alguien pide «un chequeo completo de ITS», lo habitual es que el laboratorio devuelva VIH, sífilis, hepatitis B y C, clamidia y gonorrea. Trichomonas vaginalis rara vez está en esa lista. Y sin embargo, en número de casos nuevos por año supera a clamidia, gonorrea y sífilis sumadas.
Esa desconexión entre frecuencia y visibilidad tiene consecuencias medibles: infecciones que persisten meses, parejas que se reinfectan en ciclo y un factor de riesgo evitable para la adquisición del VIH. Esto es lo que la evidencia respalda hoy sobre la tricomoniasis, y qué sigue en zona gris.
En 30 segundos
- Trichomonas vaginalis es un protozoo flagelado, no una bacteria ni un virus: por eso no responde a los antibióticos con los que se tratan clamidia o gonorrea.
- La OMS estimó unos 156 millones de casos nuevos en adultos de 15 a 49 años en 2016, la cifra más alta entre las ITS curables.
- Cerca del 70 % de las personas infectadas no tiene síntomas, y la proporción es aún mayor en hombres.
- Se asocia a mayor riesgo de adquirir y transmitir VIH y, en el embarazo, a parto pretérmino y bajo peso al nacer.
- Es curable con tratamiento oral, pero exige tratar también a la pareja: sin eso, la reinfección es la regla.
No es una bacteria, y eso cambia el tratamiento
Trichomonas vaginalis es un parásito unicelular con flagelos que coloniza el tracto genitourinario: en mujeres, vagina, uretra y glándulas parauretrales; en hombres, sobre todo la uretra. No es una bacteria ni un virus, y esa diferencia tiene una consecuencia práctica inmediata.
Los fármacos que se usan habitualmente para clamidia y gonorrea no lo eliminan. Hace falta un nitroimidazol. Por eso un tratamiento empírico «a ciegas» ante un flujo o una uretritis puede dejar la tricomoniasis intacta, y explica buena parte de los cuadros que «no terminan de curarse» pese a haber tomado antibióticos.
Cuántos casos hay realmente
Las estimaciones globales publicadas por la OMS sitúan la tricomoniasis como la ITS curable más frecuente del mundo: unos 156 millones de casos nuevos en 2016 en personas de 15 a 49 años, con una prevalencia estimada en torno al 5 % en mujeres y por debajo del 1 % en hombres.
Un matiz que conviene retener: son modelos construidos con datos desiguales, escasos en varias regiones —incluida buena parte de América Latina—, así que las cifras indican magnitud, no precisión. Un segundo patrón sí es consistente y poco conocido: a diferencia de la clamidia, que se concentra en menores de 25 años, la tricomoniasis se distribuye de forma más homogénea y es relativamente más frecuente en mujeres mayores de 30 o 40 años. Eso hace que se sospeche menos justo donde más hay.
El problema del silencio clínico
La ausencia de síntomas no significa ausencia de consecuencias ni de contagio. Esa es la idea central de esta infección.
En mujeres
La mayoría está asintomática en el momento del diagnóstico. Cuando hay síntomas, lo típico es flujo abundante amarillo-verdoso, a veces espumoso y de olor desagradable, prurito vulvar, ardor, molestia al orinar y dolor con las relaciones. El llamado «cérvix en fresa» (colpitis macularis) es característico, pero solo se aprecia a simple vista en una minoría de casos, así que su ausencia no descarta nada.
En hombres
El silencio es todavía más frecuente. Cuando aparece algo, suele ser una uretritis no gonocócica: secreción escasa, ardor al orinar, molestia uretral difusa. Con menos frecuencia se describen prostatitis o epididimitis. Como el varón consulta poco y se le estudia menos, funciona como reservorio silencioso y motor de la reinfección dentro de la pareja.
Por qué importa aunque no dé síntomas
El motivo principal para no ignorarla es el VIH. Estudios observacionales han encontrado que la infección por T. vaginalis se asocia a un mayor riesgo de adquirir VIH, con estimaciones en torno a 1,5 veces en cohortes africanas. El mecanismo propuesto es coherente: inflamación de la mucosa, microlesiones y reclutamiento local de células diana.
En el embarazo, la infección se ha asociado a rotura prematura de membranas, parto pretérmino y bajo peso al nacer. Aquí hace falta honestidad con la evidencia: un ensayo aleatorizado publicado en NEJM en 2001 encontró que tratar a embarazadas asintomáticas con metronidazol no redujo el parto pretérmino —de hecho, el grupo tratado tuvo más—, de modo que la asociación epidemiológica no se traduce automáticamente en un beneficio del cribado universal. El manejo en el embarazo es una decisión clínica individualizada, no una regla general.
Se han propuesto además vínculos con enfermedad inflamatoria pélvica en mujeres con VIH y con algunos cánceres genitourinarios, pero esa evidencia es mucho más débil y no debería presentarse como establecida.
Cómo se diagnostica: el microscopio ya no basta
El estándar actual es una prueba de amplificación de ácidos nucleicos (NAAT o PCR), no el examen en fresco.
- Examen en fresco: barato e inmediato, pero con una sensibilidad que en la práctica ronda el 50–65 %. Además el parásito pierde movilidad en minutos si la muestra no se procesa de inmediato. Un fresco negativo no descarta la infección.
- Cultivo: más sensible que el fresco, pero lento y poco disponible.
- NAAT: sensibilidad muy alta, aplicable a muestra vaginal en mujeres y a orina o hisopado uretral en hombres. Es la razón por la que en algunos países «aumentó» la prevalencia: no hay más casos, hay mejor detección.
- Papanicolaou: puede informarlo de forma incidental, con falsos positivos suficientes como para confirmar antes de tratar.
¿A quién buscárselo? Las guías estadounidenses recomiendan cribado anual en mujeres que viven con VIH, y considerarlo ante flujo persistente, uretritis que no responde al tratamiento habitual o contacto conocido. Fuera de eso, hay que pedirlo por su nombre: no viene incluido por defecto en la mayoría de los paneles.
Tratamiento: curable, pero con matices
Se cura con nitroimidazoles orales, con tasas de curación altas. El matiz relevante llegó en 2018: un ensayo aleatorizado publicado en Lancet Infectious Diseases mostró que, en mujeres, la pauta de varios días reduce el fracaso terapéutico aproximadamente a la mitad frente a la dosis única que se usaba de forma clásica. Las guías de los CDC de 2021 cambiaron su recomendación en mujeres a partir de ese resultado.
Aquí no damos dosis, y es deliberado: la pauta depende del sexo, del embarazo y la lactancia, de alergias y de interacciones farmacológicas. Eso se resuelve en una consulta médica breve, no en un buscador.
Tres puntos que se pasan por alto con frecuencia. Primero: la pareja o parejas sexuales deben tratarse en paralelo, tengan o no síntomas; sin eso el ciclo de reinfección se mantiene. Segundo: se recomienda repetir la prueba unos tres meses después, porque la reinfección es común. Tercero: los preparados vaginales en gel no son un tratamiento adecuado, porque no alcanzan concentraciones suficientes en uretra y glándulas parauretrales. La resistencia real a metronidazol existe pero es infrecuente, y su manejo es especializado.
Prevención: lo que sirve y lo que no
El preservativo reduce el riesgo de forma consistente, aunque no lo elimina, porque puede haber contacto de zonas no cubiertas. No existe vacuna. Y conviene decirlo con claridad: las duchas vaginales no previenen nada y se asocian a más riesgo de infecciones, no a menos.
La medida preventiva más infravalorada sigue siendo la más simple: tratar a la pareja al mismo tiempo, y pedir la prueba por su nombre cuando se quiera un chequeo que de verdad sea completo.
Preguntas frecuentes
¿Se puede contagiar sin penetración?
Sí. El contacto genital directo y el intercambio de fluidos bastan, y se ha documentado transmisión entre mujeres. La transmisión por asientos de inodoro o toallas es teóricamente posible, porque el parásito sobrevive un tiempo en superficies húmedas, pero no está demostrada como vía relevante en la práctica.
Si mi pareja dio positivo y yo no tengo síntomas, ¿me trato igual?
Sí. Los síntomas no son un criterio fiable: la mayoría de las infecciones son silenciosas y, sin tratamiento simultáneo, la pareja se reinfecta en ciclo. Lo que corresponde es evaluación médica de ambos y tratamiento en paralelo.
¿Un resultado positivo prueba una infidelidad?
No. La infección puede permanecer meses sin dar síntomas, de modo que la fecha del diagnóstico no indica la fecha del contagio. Es un dato clínico, no una prueba forense, y tratarlo como tal evita conflictos construidos sobre una inferencia que el laboratorio no respalda.
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Referencias
- Workowski KA, Bachmann LH, Chan PA, et al. Sexually Transmitted Infections Treatment Guidelines, 2021. MMWR Recomm Rep. 2021;70(4):1–187.
- Rowley J, Vander Hoorn S, Korenromp E, et al. Chlamydia, gonorrhoea, trichomoniasis and syphilis: global prevalence and incidence estimates, 2016. Bull World Health Organ. 2019;97(8):548–562P.
- Kissinger P, Muzny CA, Mena LA, et al. Single-dose versus 7-day-dose metronidazole for the treatment of trichomoniasis in women: an open-label, randomised controlled trial. Lancet Infect Dis. 2018;18(11):1251–1259.
- Kissinger P. Trichomonas vaginalis: a review of epidemiologic, clinical and treatment issues. BMC Infect Dis. 2015;15:307.
- Klebanoff MA, Carey JC, Hauth JC, et al. Failure of metronidazole to prevent preterm delivery among pregnant women with asymptomatic Trichomonas vaginalis infection. N Engl J Med. 2001;345(7):487–493.

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