Casi todo el mundo lo hace y casi nadie lo dice. La pregunta no es si fantasear con alguien que no es tu pareja es frecuente —los datos son contundentes—, sino si eso encaja en alguna definición razonable de infidelidad. Spoiler: no, pero hay matices que sí importan.

Es una de las culpas más silenciosas de la vida en pareja. Aparece una imagen mental que no corresponde a la persona con la que se comparte la cama, y detrás llega la pregunta incómoda: ¿esto cuenta? ¿Estoy fallando? ¿Debería contárselo?

La investigación en psicología sexual lleva tres décadas ocupándose de esto y ofrece dos respuestas bastante claras: la conducta es casi universal, y ninguna de las definiciones de infidelidad que se usan en investigación se sostiene solo sobre un pensamiento. Lo interesante empieza después: hay señales que sí valen la pena mirar, y no son las que la gente suele vigilar.

En 30 segundos

  • Es la norma, no la excepción. En un estudio clásico con personas en relaciones estables, alrededor del 98 % de los hombres y del 80 % de las mujeres había fantaseado con alguien distinto de su pareja en los dos meses previos.
  • Las definiciones de infidelidad requieren conducta, contacto, secreto o inversión emocional que rompa un acuerdo. Un pensamiento privado no cumple ninguna de esas condiciones.
  • La fantasía no predice bien el engaño. Lo que sí se asocia con ruptura e infidelidad en estudios longitudinales es la atención sostenida a alternativas reales y disponibles.
  • La culpa hace más daño que la fantasía. El malestar por fantasear se asocia con menor satisfacción sexual; la fantasía en sí, con más deseo y no con menos.
  • Señales que sí merecen atención: secreto, contacto creciente con una persona concreta, comparación constante y retirada emocional de la relación.

Qué tan común es realmente

Los números son incomparablemente más altos de lo que la mayoría imagina. El trabajo de referencia es el de Hicks y Leitenberg, publicado en el Journal of Sex Research: preguntaron a personas con pareja estable si habían fantaseado con alguien distinto en los dos meses anteriores. Respondió que sí cerca del 98 % de los hombres y del 80 % de las mujeres.

Ese estudio también encontró diferencias de grado, no de tipo: los hombres reportaban mayor frecuencia y una proporción más alta de fantasías extradiádicas sobre el total. Pero en ambos sexos, la fantasía con la propia pareja seguía siendo también frecuente. No es un fenómeno de reemplazo: las dos cosas conviven.

La revisión clásica de Leitenberg y Henning en Psychological Bulletin ya había llegado antes a la conclusión de fondo: las fantasías sexuales son prácticamente universales, no funcionan como indicador de insatisfacción ni de déficit en la relación, y quienes fantasean más tienden a reportar más deseo y más actividad sexual, no menos.

Qué cuenta como infidelidad (y qué no)

La respuesta directa: una fantasía no cumple ninguna definición operativa de infidelidad usada en la literatura científica. Todas ellas exigen alguno de estos elementos: una conducta con un tercero, una inversión emocional que compite con la relación, o el ocultamiento deliberado de una u otra.

Hay una razón metodológica para eso, y no es indulgencia moral. Un criterio basado en pensamientos sería inservible: clasificaría como infieles a prácticamente todas las personas emparejadas del planeta y perdería cualquier capacidad de distinguir situaciones. La infidelidad se define, en investigación y en clínica, por la ruptura de un acuerdo —explícito o implícito— mediante actos.

Eso no significa que el acuerdo sea el mismo para todos. Hay parejas que consideran una traición el intercambio de mensajes con carga erótica y otras para las que eso es irrelevante. Lo que la evidencia sostiene es que el límite se negocia sobre conductas observables, no sobre el contenido involuntario de la cabeza de nadie.

Por qué la mente fantasea con otras personas

No suele ser un síntoma de que la relación falle. El mecanismo más consistente en la literatura es la novedad: el deseo responde a lo nuevo y a lo no disponible, y una relación estable, por definición, ofrece lo contrario. La fantasía es, en buena medida, el modo en que la mente compensa esa falta de novedad sin coste alguno para el vínculo.

La encuesta a gran escala de Justin Lehmiller con más de cuatro mil adultos estadounidenses apunta en la misma dirección: el contenido de las fantasías es enormemente variado, la mayoría de las personas fantasea con escenarios que no desea llevar a la práctica, y la distancia entre fantasía y deseo de acción es la regla y no la excepción.

Cuándo sí conviene prestar atención

Hay un hallazgo que sí predice problemas, y no es la fantasía. En la investigación sobre compromiso, Rowland Miller mostró que la atención a las alternativas —cuánto registra alguien a otras personas disponibles como posibles parejas— predecía la ruptura de la relación meses después. Las personas más comprometidas mostraban lo contrario: una especie de ceguera funcional hacia las alternativas.

La diferencia es sutil pero útil en la práctica. Fantasear con una figura genérica, con una celebridad o con un escenario imposible es una cosa. Reorganizar la atención cotidiana alrededor de una persona concreta, accesible y presente en la vida real es otra. Cuatro señales que sí vale la pena mirar:

  • El contacto con esa persona aumenta y empieza a ocultarse.
  • Aparece una comparación sistemática que deja mal parada a la pareja.
  • Hay retirada emocional: se comparte menos, se cuenta menos, se busca menos.
  • Se empiezan a crear oportunidades de encuentro que antes no existían.

¿Hay que contárselo a la pareja?

No existe evidencia que respalde la confesión sistemática de cada fantasía como una práctica que mejore las relaciones. Lo que sí muestran los datos de Lehmiller es que compartir fantasías suele tener efectos positivos cuando se recibe bien, y que el temor al juicio es el principal freno para hacerlo.

La distinción útil es entre transparencia y descarga. Compartir para construir intimidad o para explorar algo juntos tiene sentido. Confesar para aliviar la propia culpa suele trasladar el malestar a la otra persona sin resolver nada. Y hay un caso distinto: cuando ya no se trata de una fantasía sino de un vínculo real que está creciendo, la conversación deja de ser opcional.

Preguntas frecuentes

¿Fantasear con otra persona significa que ya no quiero a mi pareja?

No hay evidencia que sostenga esa lectura. La fantasía extradiádica aparece también en personas con alta satisfacción de pareja y convive con la fantasía sobre la propia pareja. Se asocia mejor con el funcionamiento normal del deseo que con un déficit del vínculo.

¿Fantasear con alguien aumenta el riesgo de serle infiel?

La fantasía por sí sola es un predictor pobre. Lo que sí se asocia con infidelidad y ruptura son variables conductuales: baja satisfacción, bajo compromiso, atención sostenida a alternativas concretas y oportunidad real de contacto.

¿Y si la fantasía es con un amigo o una compañera de trabajo?

Ahí cambia el cálculo de riesgo, no el estatus moral del pensamiento. La proximidad y la oportunidad son factores de riesgo bien documentados para la infidelidad. Lo que conviene vigilar no es la imagen mental, sino cuánto contacto, cuánto secreto y cuánta energía emocional se están moviendo hacia esa persona.


Para el límite que sí genera debate real, lea infidelidad emocional y micro-infidelidades: ¿qué cuenta como engaño?. Y si lo que pesa es la culpa más que la fantasía, aquí está la evidencia sobre la culpa por fantasías sexuales.

Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.

Referencias

  • Hicks TV, Leitenberg H. Sexual fantasies about one’s partner versus someone else: gender differences in incidence and frequency. Journal of Sex Research. 2001.
  • Leitenberg H, Henning K. Sexual fantasy. Psychological Bulletin. 1995;117(3):469-496.
  • Miller RS. Inattention to relationship alternatives: the role of relationship commitment. Journal of Personality and Social Psychology. 1997.
  • Lehmiller JJ. Tell Me What You Want: The Science of Sexual Desire and How It Can Help You Improve Your Sex Life. Da Capo Press; 2018.
  • Shackelford TK, Buss DM. Cues to infidelity. Personality and Social Psychology Bulletin. 1997.

Una respuesta a «Fantasear con otra persona: ¿es infidelidad?»

  1. Avatar de Fantasías según la edad: cómo cambian (y qué se mantiene) con los años – Sexualidad Basada en Evidencia

    […] Si te interesa el tema, seguimos la pista de las prevalencias reales en los fetiches más comunes según la investigación y abordamos la pregunta que más culpa genera en fantasear con otra persona: ¿es infidelidad?. […]

    Me gusta

Deja un comentario

Hola, soy Jorge

Soy médico internista, epidemiólogo clínico y bioestadista. Este espacio nace para hablar de sexualidad humana con rigor científico, claridad y sin prejuicios.

Aquí encontrarás información basada en evidencia sobre deseo, relaciones, infidelidad, fantasías, diversidad sexual y disfunciones sexuales, diferenciando los hallazgos científicos de los mitos y opiniones populares.

El propósito es comprender la sexualidad desde una perspectiva médica, psicológica y social, respetando siempre la diversidad, el consentimiento y la autonomía personal.

Sexualidad basada en evidencia: ciencia para comprender, no para juzgar.

Suscríbete

Recibe cada nuevo artículo de sexualidad basada en evidencia en tu correo. Sin spam, puedes cancelar cuando quieras.