La ciencia lleva décadas preguntando quién fantasea más, ¿hombres o mujeres? La respuesta corta es que sí hay una diferencia medible en frecuencia, pero la respuesta larga es más interesante: el contenido de las fantasías se parece mucho más entre sexos de lo que el estereotipo sugiere.

Fantasear con situaciones sexuales es una de las experiencias psicológicas más universales y, a la vez, más malentendidas. Durante décadas, la pregunta de si hombres y mujeres fantasean distinto —y cuánto— generó más especulación que evidencia. Eso cambió con estudios que preguntaron directamente a miles de personas, en vez de asumir respuestas a partir de estereotipos culturales.

Este artículo resume lo que dice la investigación, con especial atención a dos fuentes: la revisión clásica de Leitenberg y Henning en Psychological Bulletin, y la encuesta a gran escala del psicólogo Justin Lehmiller, que sigue siendo una de las más citadas del campo.

En 30 segundos

  • La investigación coincide en que, en promedio, los hombres reportan fantasear con mayor frecuencia que las mujeres, aunque la diferencia es de grado, no de tipo.
  • Fantasear es prácticamente universal: la gran mayoría de personas, de cualquier sexo, ha tenido fantasías sexuales a lo largo de su vida.
  • El contenido también varía en promedio: las fantasías femeninas suelen incluir más contexto emocional y narrativo; las masculinas, más elementos visuales y mayor variedad de parejas.
  • Un tema aparece con mucha frecuencia en ambos sexos: la no monogamia consensuada, según la investigación de Justin Lehmiller con miles de participantes.
  • Tener una fantasía no predice el deseo de llevarla a la práctica ni indica ningún rasgo patológico: es un fenómeno psicológico normal y frecuente.

Lo que dice la evidencia sobre frecuencia

La revisión de Leitenberg y Henning, que sigue siendo una referencia obligada en el campo, analizó décadas de estudios sobre fantasía sexual y encontró un hallazgo consistente: los hombres reportan fantasear con mayor frecuencia que las mujeres, tienen fantasías con mayor variedad de parejas y describen escenas con más detalle explícito. Investigaciones posteriores, incluida la de Lehmiller, replican esta diferencia de frecuencia. Sin embargo, ningún estudio serio sugiere que las mujeres no fantaseen, ni que lo hagan con poca intensidad: la diferencia es estadística y de grado, no una dicotomía entre «quienes fantasean» y «quienes no».

Un matiz metodológico importante: buena parte de esta diferencia depende de cómo se pregunta. Las encuestas que usan escalas amplias y anónimas —como la de Lehmiller, con miles de adultos estadounidenses— tienden a mostrar una brecha menor que los estudios más antiguos, posiblemente porque el estigma social sigue afectando lo que las mujeres reportan abiertamente, incluso en un cuestionario anónimo.

¿Fantasean sobre lo mismo?

Diferencias promedio en el contenido

Más allá de la frecuencia, la literatura describe diferencias promedio —no absolutas— en el tipo de contenido. Las fantasías reportadas por mujeres suelen incluir más elementos de contexto, vínculo emocional y narrativa alrededor del encuentro sexual. Las reportadas por hombres tienden a ser más visuales, más centradas en el acto en sí y con mayor variedad de escenarios y parejas distintas. Estas son tendencias estadísticas observadas en muestras grandes, con enorme superposición entre ambos grupos: hay hombres cuyas fantasías son marcadamente narrativas y mujeres cuyas fantasías son marcadamente visuales.

Lo que tienen en común

El punto que suele perderse en la conversación pública es cuánto se parecen las fantasías entre sexos, no cuánto difieren. Ambos grupos fantasean con más frecuencia sobre su pareja actual que sobre desconocidos, ambos reportan fantasías relacionadas con la novedad y la exploración, y ambos incluyen, con alta frecuencia, escenarios que rompen con la monogamia estricta sin que eso implique intención de actuarlos.

El tema que aparece en casi todas las encuestas

En su encuesta a gran escala, Lehmiller encontró que las fantasías vinculadas a la no monogamia consensuada —incluyendo escenarios con más de una pareja— se encuentran entre los temas más reportados, tanto por hombres como por mujeres, muy por encima de lo que la percepción social asumiría. Esto no significa que la mayoría de las personas desee una relación abierta ni que vaya a buscarla: la investigación en psicología del deseo distingue con claridad entre fantasear con un escenario y desear vivirlo en la realidad, dos fenómenos correlacionados pero no equivalentes.

¿Qué significa, entonces, tener una fantasía?

Desde la psicología clínica, la fantasía sexual se entiende como un fenómeno cognitivo normal, presente en la inmensa mayoría de las personas, con función exploratoria y reguladora del deseo, no como un indicador de intención conductual ni de patología. Lehmiller y otros investigadores del área insisten en un punto de salud pública: gran parte del malestar asociado a las fantasías no proviene de tenerlas, sino del estigma y la vergüenza que genera creer —erróneamente— que son «anormales» o reveladoras de algo problemático en la persona o en su relación.

Este punto tiene relevancia clínica más allá de la curiosidad: en consulta, cuando una persona relata una fantasía que le genera culpa o confusión, la evidencia disponible sugiere que la intervención útil casi nunca es «corregir» el contenido de la fantasía, sino trabajar la ansiedad o el tabú que rodea el hecho de tenerla. Confundir fantasía con intención —o con un diagnóstico— suele generar más malestar del que resuelve, y es una de las razones por las que la educación sexual basada en evidencia insiste en normalizar la conversación sobre este tema en vez de patologizarlo.

Preguntas frecuentes

¿Tener fantasías es señal de insatisfacción con la pareja?

No necesariamente. La investigación muestra que la mayoría de las personas en relaciones satisfactorias también fantasea, incluyendo con escenarios ajenos a la pareja actual. La frecuencia de fantasía no se correlaciona de forma directa con el nivel de satisfacción relacional.

¿Es normal fantasear con algo que no querría vivir en la vida real?

Sí, es muy frecuente. La fantasía funciona como un espacio mental seguro para explorar escenarios que la persona no desea, o no podría, materializar. Esa distancia entre fantasear y actuar es, de hecho, parte de lo que la hace placentera.

¿Las fantasías cambian con la edad?

Sí. Tanto la frecuencia como el contenido de las fantasías evolucionan a lo largo de la vida, influidos por la experiencia acumulada, los cambios hormonales y el contexto de cada etapa vital, aunque la fantasía como fenómeno no desaparece con la edad.


Si el tema interesa, puede complementarse con nuestro repaso de las siete fantasías sexuales más frecuentes según la ciencia y con qué reveló la mayor investigación sobre qué fantasías son normales.

Sexualidad Basada en Evidencia. Ciencia, sin moralina y sin humo.

Referencias

  • Leitenberg H, Henning K. Sexual fantasy. Psychological Bulletin. 1995.
  • Lehmiller JD. Tell Me What You Want: The Science of Sexual Desire and How It Can Help You Improve Your Sex Life. Da Capo Press. 2018.
  • Zurbriggen EL, Yost MR. Power, desire, and pleasure in sexual fantasies. Journal of Sex Research. 2004.

2 respuestas a «¿Quién tiene más fantasías, hombres o mujeres?»

  1. Avatar de BDSM y psicología: qué dice la evidencia sobre quienes lo practican – Sexualidad Basada en Evidencia

    […] te interesa cómo varían las fantasías sexuales entre personas, puedes leer ¿Quién tiene más fantasías, hombres o mujeres? y Las 7 fantasías sexuales más frecuentes, según la […]

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  2. Avatar de Fantasía de trío: prevalencia y realidad según los datos – Sexualidad Basada en Evidencia

    […] situar este dato en el mapa general de las fantasías, revisa quién tiene más fantasías, hombres o mujeres. Y si te interesa qué dice la investigación sobre el perfil psicológico de quienes practican […]

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Soy médico internista, epidemiólogo clínico y bioestadista. Este espacio nace para hablar de sexualidad humana con rigor científico, claridad y sin prejuicios.

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